En pleno proceso electoral es necesario tener en cuenta las promesas que nuestros políticos hacen a la ciudadanía y, sobre todo, tener confianza en que, si llegan a gobernar, cumplirán lo prometido o, en caso contrario, darán pelos y señales de las causas del incumplimiento, salvo que entiendan que los votantes somos idiotas y nos tomen como tales. Obviamente a la cabeza de esta responsabilidad está el gobierno cesante y, especialmente, su Presidente, pero ahora, se da la circunstancia lamentablemente de que la palabra de éste carece de la más mínima credibilidad. Son tantas las promesas incumplidas para hacer luego incluso lo contrario, las artimañas antidemocráticas para gobernar o desgobernar en flagrante minoría, la encendida defensa de presuntos corruptos luego condenado, y tantas incoherencias incomprensibles que ahora la palabra de Sánchez tiene el valor de un cero a la izquierda.
Ha querido el destino que la disolución de las Cortes haya
coincidido con el veredicto del Tribunal Constitucional sobre la amnistía dando
vía libre a Puigdemont para volver a España al ordenar al Supremo que aplique
la patética amnistía a la malversación para mayor regocijo de los chorizos de
cantimpalo con chistorras que proliferan en este país, con lo que el juez Llarena
se ve obligado a levantar la orden de detención contra el totalitario y prófugo
ex president de Catalunya, que, como ciudadano ejemplar (¡quién lo diría!), ya
es libre de volver a España cuando le venga en gana, tras años de patética
huida de la justicia con el respaldo de Sánchez quien, en su día acusó a Rajoy
de que Puigdemont se le hubiera escapado y prometió que él, si gobernaba, se
encargaría de capturarlo y traerlo a España para hacerle comparecer ante los Tribunales…
Y ya ven el resultado, a cambio de los votos del secesionismo, que Sánchez
necesitaba para ser investido habiendo perdido las elecciones. El
incumplimiento de la palabra de Sánchez en tema tan esencial ya sería
suficiente para que en lo sucesivo desconfiemos razonablemente de cualquier
otra promesa que nos haga de cara al futuro, pues el patético resultado del totalitario
experimento secesionista, que celebra ahora Moncloa, incomprensiblemente,
mientras Puigdemont, celebra “la derrota de los poderes españoles”…. En
definitiva el Presidente de todos los españoles se vanagloria de “normalizar
Cataluña” (seguramente de la misma forma que normaliza Ceuta) y el ex president
de todos los españoles catalanes carga contra él, le deja tirado en los
decretos de vivienda, provoca el adelanto electoral, que Sánchez negaba hasta
finalizar la Legislatura el año que viene (otra promesa fallida), arremete
contra los jueces, contra Aznar, Illa y Junqueras, y celebra que Conde-Pumpido
le entregue la “victoria de la amnistía” y la derrota de los poderes públicos
españoles, considerando que “no soluciona nada entre España y Cataluña”. Ya
ven, el TC, auto-erigido en máxima instancia, cuando no lo es, corrige al
Supremo, la verdadera última instancia judicial, y abre la amnistía a la
malversación de caudales….Ya dijo Conde-Pumpido que “el vuelo de las togas de
los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino” y añadió que “la
justicia no está para favorecer procesos políticos, pero tampoco está para
obstaculizarlos”…. por supuesto excelencia, pero la Justicia sí está para
sancionar a quienes delinquen en nombre de esos procesos políticos y encima
dicen que son exiliados políticos, cuando en democracia no los hay. En fin,
ante semejante panorama Puigdemont recibe la medida de gracia, que tiene poca
gracia, con un “volveremos a hacerlo”, pues sabe que es impune ante semejantes
planteamientos.
Entretanto, y por poner otro claro ejemplo
del valor cero de las palabras o promesas de Sánchez (hay muchos y algunos de record),
éste despierta de su amnesia sobre la vivienda y en la Diputación Permanente
del Congreso se garantiza el “sí” al decreto, retocado para disimular, que
acaba de ser desestimado por el Pleno de la Cámara Baja, ahora disuelta. Y al
recuperar la memoria Sánchez se da cuenta de que prometió crear unas 250.000
viviendas, que no ha creado, e inicia la precampaña electoral poniendo la vivienda
como estandarte de campaña y diciendo que “el Gobierno ni tira la toalla ni
deja tirada a la gente”, mientras recupera cínicamente el escudo anti-desahucios
y amplía las ayudas a la construcción (¡lástima que se acuerde ahora cuando la
legislatura ya ha acabado!). Todo huele a que lo que menos le importa es
resolver el problema de la vivienda que, en todo caso, le corresponderá al
gobierno futuro y, al efecto, como hacen sus socios de izquierda radical,
equipara a grandes propietarios con los “fondos buitre”….. no obstante promete
que los alquileres no se prorrogarán de forma indefinida pero sí otros dos años
más; pero es tarde, ¡quien cree ya en la palabra de Sánchez!, es una cuestión de ausencia de credibilidad en
todo lo que diga y haga, pues todo suena a falsedad, demagogia y cinismo. Lo
cierto es que con sus políticas de vivienda el 44% de la vivienda de alquiler
ha desaparecido durante sus mandatos, al desplomar la oferta de alquileres permanentes
desde 2018 en 400.000 casas (Barcelona capital pasó de 113.853 anuncios en 2018
a sólo 19.723 en 2025, una caída del 83%, que en Madrid fue de un 58% menos)…y
es que estaba por allí Ada Colau, que pugna ahora con Mónica García por liderar
el “Frente Amplio”, el nuevo invento sustituto de Sumar, y su movimiento
“okupa” y “anti-desahucios” que ya fracasó en Barcelona con ella de alcaldesa.
Entenderlo es fácil: ¿alquilarían ustedes un piso de su legítima propiedad sin
garantía jurídica alguna?, es la primera pregunta que ha de hacerse para
empezar a legislar sobre vivienda; ¿lo pondría en el mercado de alquiler si no
está seguro de que puede desalojar a “inquiokupas y okupas”, como sucede en
toda la UE?, seguro que no….. Bueno, seguro que no para quienes creen en una
sociedad democrática de libre mercado, como rige en la UE y otros lugares del
mundo desarrollado, pues el otro modelo de economía intervenida en que el único
propietario de todo es el Estado, que organiza a la sociedad como le viene en
gana, siempre es una opción fácil de arreglar con el “¡exprópiese!” de Chavez
en Venezuela, pero no creo que esa sea la solución ni siquiera para quienes
defienden aquí la expropiación como fórmula para resolver el gravísimo problema
de la vivienda que ahora, en campaña electoral, pretende solucionar Sánchez en
un abrir y cerrar de ojos, pero que nadie le cree; ese es el problema que tiene
el PSOE ahora. Aunque, en fin, si cuela, cuela, y el 29-11 a las urnas. ¡Que
más se puede pedir, mientras podamos seguir votando!