Acampados en Sol al grito de “no es una muerte, es un asesinato” marchan hacia el Congreso de los Diputados y hacia el domicilio de Mari Carmen, la anciana de 87 años fallecida en un hospital tras haber sido desahuciada de su vivienda al haber perdido en un largo litigio judicial contra el propietario legal y legítimo de la misma, aunque, por fin, había pactado con su arrendador regresar a ella. Sin duda, una lamentable realidad derivada de aplicarle la legalidad vigente en materia de vivienda como, por cierto, le sucede a miles y miles de inquilinos en nuestro país…. Pero en esta ocasión, Mari Carmen es convertida en y utilizada como símbolo contra los desahucios monopolizando una precampaña electoral en plena crisis habitacional cuando, además de ello, hay otros asuntos de tamaña gravedad (invasión de Ceuta, amenazas a jueces, corrupción política y económica, inseguridad ciudadana, ausencia de presupuestos, controversias competenciales TC-TS….) que no pueden ni deben eclipsarse intencionadamente por meros intereses de unos u otros de cara a la comparecencia ciudadana en las urnas y, menos aún, cuando ni siquiera es posible delimitar los responsables de ese supuesto “asesinato” de Mari Carmen, quien, había señalado como responsables de su situación, y por este orden, a Sánchez, Ayuso y Almeida, es decir, al gobierno español, al autonómico y al ayuntamiento, en este caso de Madrid, que se reparten las competencias sobre vivienda. Por tanto, en todo caso, cabría aplicar aquello de que entre todos la mataron y ella sola se murió, con lo que, si se ha de buscar al presunto “asesino”, que denuncian los acampados, el “asesinato” sería, en todo caso, responsabilidad de todos y todos debieran entonar el “mea culpa” y ponerse a trabajar juntos para que jamás vuelva a suceder algo así. Pero es obvio que éste no es el objetivo y en vez de buscar soluciones consensuadas de lo que se trata es de una utilización de Mari Carmen, elevada intencionadamente a símbolo de los anti-desahucios, una argucia miserable por parte de quienes han visto una inesperada “ventana de oportunidad” electoral que pudiera mejorar sus paupérrimas expectativas electorales el 29-N, como sucede con otros asuntos, menos trágicos, que provocan indignación popular generalizada (pensiones, salarios, ayudas, etc). Así pues, de un lado tenemos a la izquierda amenazando con calentar la calle con el “asesinato” de Mari Carmen y arremetiendo contra los “fondos buitre”, que los hay, aunque no sólo sean el problema, y de otro lado tenemos a la derecha acusando al Gobierno de utilizar a la fallecida, mientras el Ejecutivo arremete contra el PP por no permitir minutos de silencio, que no se han hecho en otros casos, al considerarlo como una argucia electoral más. Y en pleno debate maniqueo de buenos y malos, los radicalismos extremos ponen la guinda superando las opciones moderadas de cómo salir de esta crisis habitacional de forma razonable.
Así las cosas, en plena precampaña
electoral se desatan todas las alarmas y a la teoría del Sindicato de
Inquilinas y portavoces de colectivos de vivienda de que la muerte de Mari
Carmen por causas naturales “no es una muerte, es un asesinato” se van
apuntando sectores políticos de la izquierda como, entre otros, Irene Montero
diciendo “no es una muerte, es un asesinato”, Rufián exclamando “¡hijos de
puta!”, el Sindicato de Inquilinas vinculando el fallecimiento a “un proceso
torturante”…..y por el otro extremo, desde Vox, el eurodiputado Tertsch pidiendo
que procede hacer una autopsia al cuerpo de Mari Carmen para esclarecer su
súbita muerte, insinuando la teoría de la conspiración. Es obvio que la intención
de todos ellos es instrumentalizar la muerte de Mari Carmen en supuesto
beneficio electoral, mientras el Gobierno y el PP, aprovechando que el Pisuerga
pasa por Valladolid, no salen en masa desmintiendo semejantes barbaridades de
unos u otros.
Y en plena refriega política
preelectoral los sindicatos CCOO y UGT, tras un acuerdo con los acampados, convocan
una huelga general para el 11-N, dos días antes del inicio de campaña (algo
insólito hasta ahora) ante las lógicas críticas de la patronal y de la derecha;
huelga que algunos ya califican como “huelga electoral”, a la que otros sindicatos
como CESIF o USO no se suman. Por otro lado Moncloa pide al TS que deje votar a
quienes no han probado ser nietos de exiliados, la Abogacía del Estado le
presenta un escrito solicitando que se levante la medida cautelar que ha tomado
y Bolaños dice que “si no se les deja votar iríamos a las elecciones con un censo
alterado”. Y mientras el PSOE pugna con la izquierda por incluir en sus listas
a indignados de Sol, acampada que cada vez recuerda más al famoso 15-M, Feijóo
promete a su partido que cuando gobierne llevará a cabo una auditoría del
sanchismo.
Entretanto se desata una disputa en el
PSOE por el mando de la campaña electoral pues los hombres de confianza de
Sánchez, con Diego Rubio a la cabeza, marginan al poder orgánico del partido;
López y Hernando están en la diana y el objetivo es proteger al Presidente para
blindar su supervivencia, en tanto que María Jesús Montero, tras cosechar el
mayor fiasco electoral en Andalucía, debuta como “jefa de estrategia” de la
campaña electoral socialista diciendo que “la huelga general se convoca contra
la oposición” (lo nunca visto)….al menos hay que agradecerle el gesto de
sinceridad confirmando lo que todo el mundo sabe. Por otro lado si, al final, Frente
Amplio, ese nuevo experimento para sustituir el “yolandismo” de Sumar, que más
bien ha sido restar, consigue consensuar un líder y candidato, Sánchez podrá
pactar con él un futuro gobierno “progresista” pues ayudas hasta de última hora
no le faltan: Yolanda Díaz colaborará subiendo el salario mínimo por encima de
la inflación antes del 29-N; Sánchez anunciará la subida de las pensiones a dos
días del 29-N al publicar el INE el dato adelantado de la inflación de noviembre
el día 27 coincidiendo con el cierre de campaña y, por si acaso, Tezanos echará
el resto como siempre. No obstante hay
una incógnita: ¿ganará el PSOE sanchista en las urnas?, ¿conseguirá de nuevo el
poder en los despachos si no gana?, ¿perderá al extremo de no poder reeditar
otro gobierno “progresista” ni con el apoyo de la más rancia derecha vasca y
catalana?.... La respuesta, el 29-N; y hasta entonces, ya ven, nos queda tela marinera
que soportar.