viernes, 20 de febrero de 2026

LAS COSAS POR SU NOMBRE

 

                    Ante las debacles electorales que viene sufriendo la  izquierda, incluido el PSOE, Gabriel Rufián, portavoz de la  secesionista ERC, y Emilio Delgado, portavoz adjunto de Mas Madrid en la Asamblea madrileña, llaman a la movilización ciudadana para unir a “la izquierda a la izquierda del PSOE”, con el  que, tras los respectivos comicios, tejen alianzas gubernamentales a nivel nacional y a nivel autonómico catalán, dado que en cada elección a la que se presentan separados sufren un varapalo mayor que el anterior frente al ascenso “peligroso” de la “extrema derecha” que representa Vox y el PP (según ellos, no  hay centro derecha) quiénes últimamente obtienen más votos y escaños que todo el universo izquierdista junto, incluido el PSOE, quien, a su vez, sufre en particular una mayor diferencia de escaños en su contra respecto al PP. Es obvio que, de seguir esta tendencia, el riesgo del PSOE y sus múltiples aliados de “izquierdas a su izquierda” es pasar no ya a la oposición, que es algo normal en democracia, sino a la irrelevancia política, que es lo que avala la estrategia de Rufián y Delgado para intentar cortar, en la medida de lo posible, la hemorragia electoral que vienen sufriendo, de cara a los comicios que se avecinan. Por todo ello, ambos políticos apelan a los progresistas de toda España, incluidos los que votan al PSOE, para que se unan a su estrategia de unidad frente-populista, y el secesionista Rufián insta a todos los partidos de izquierdas (excepto al PSOE), que no son pocos, a que en cada provincia se presente a los comicios sólo el más fuerte de ellos para apoyar así su genuino plan de montar “algo diferente” y agitar “el miedo” a PP y Vox, que cada vez asusta a menos gente. Iniciativa de Rufián-Delgado que por coherencia nos llevaría a que en cada provincia se presentara sólo quien más fuerza tiene, es decir, el PSOE (salvo en Madrid que es Más Madrid) si realmente lo que se pretende es revitalizar la izquierda y no la “extrema izquierda”, lo que, de entrada, rechazan ya, entre otros, Podemos y la propia Yolanda Díez como dirigente de Sumar que se desmarcan de la iniciativa personal de Rufián-Delgado y de su nueva propuesta de confluencia, la enésima, para seguir vendiendo humo a los ciudadanos, que cada vez son más los que, para empezar, prefieren y piden que se llame a las cosas por su nombre y sean coherentes en el lenguaje aplicando criterios similares a cosas iguales, entre ellas, por ejemplo, que, si a los partidos a la derecha de la derecha del PP los llaman “extrema derecha”, se llame “extrema izquierda” a los partidos a la izquierda de la izquierda del PSOE; o si prefieren, para suavizarlo un poco,  “derecha radical” o “izquierda radical” y así saber de qué estamos hablando sin intencionadas connotaciones peyorativas sobre unos u otros extremismo. Lo cierto es que, como casi todo está ya inventado, Rufián-Delgado lo que pretenden, lo vendan como lo vendan, es restaurar el patético “Frente Popular” creado en 1936 por los partidos de izquierdas tras la victoria en 1933 del centro-derecha y la CEDA, coalición de derechas no monárquicas, que, guste o no, dieron paso a la sangrienta Guerra Civil Española y, en definitiva, a la posterior dictadura militar franquista. En definitiva, reeditar el aciago Frente Popular de la extrema izquierda que causa tanto miedo como la extrema derecha.

Si lo que Rufián-Delgado buscan es repetir los errores del pasado, que los ciudadanos tomen nota; y si lo que pretenden es que los múltiples partidos de extrema izquierda (Podemos, IU, Esquerra Unida i Alternativa, ERC, Bildu, BNG, Compromís, Comunes…. y todo el que pase por allí) sigan sobreviviendo y vendiendo humo, es otra cosa. No obstante todo apunta a más de lo mismo: un nuevo falso proyecto de unidad  que, como hasta ahora, es mera demagogia para vender mejor la burra de un inexistente programa político común y así garantizar las poltronas de los principales dirigentes. Mera demagogia de la extrema izquierda, escasa y malavenida, con una nueva marca y un nuevo salvador de la patria a la cabeza, Rufián, cuyo objetivo es acabar con el actual Estado de Derecho democrático diseñado en nuestra Constitución, ya la más longeva de toda la Historia de España, lo que ha dado lugar a un emotivo acto en el Congreso de los Diputados para celebrar su longevidad. Un acto de reafirmación democrática, con la ausencia obviamente de los grupos secesionistas, incluido el de Rufián, en el que nuestro Jefe de Estado, el Rey Felipe, ha manifestado que “la mejor manera de homenajear la Constitución es cumplirla”, resaltando que “la clave de su duración es que no fue la voluntad de una parte de la sociedad contra otra” e instando a que todos lo tengan presente. En efecto, nuestra Carta Magna, que repudia la “extrema izquierda”, es la más longeva que hemos tenido gracias a que su elaboración fue consensuada y no como las anteriores que siempre fueron de unos españoles contra otros e impuestas por los vencedores de algún conflicto bélico sin contar para nada con los vencidos. Mal asunto pues que la extrema izquierda pretenda buscar su unidad por la “vía Rufián” para, salvando las distancias, resucitar un frentismo izquierdista de tan amargo recuerdo histórico y justo cuando en el PSOE se reactivan, como sucedía en 1936, la discordia interna entre dos tendencia o corrientes, la socialista-populista de Sánchez (entonces de Largo Caballero) y la socialista-moderada o socialdemócrata de Felipe González (entonces de Indalecio Prieto), que se ha evidenciado en el citado acto del Congreso con un saludo protocolario, fugaz y frío entre Pedro y Felipe. La pregunta es que si, como dicen los sondeos, la derecha gana con claridad las próximas elecciones… ¿se sumaría el PSOE sanchista a ese Frente Popular de Rufián-Delgado?. En fin, tiempo al tiempo. De momento un Rufián crecido por su protagonismo en este asunto, ya exige a Junqueras hacer una lista de ERC a “su medida” para volver a ser el candidato del partido republicano.

          Entretanto dimite el Jefe de la Policía Nacional tras conocerse una denuncia contra él por agresión sexual interpuesta por una agente, que, presuntamente fue violada por José Ángel González y luego la coaccionó para que no acudiera a la Justicia. Hechos gravísimos protagonizados por el DAO de la Policía Nacional, el comisario González, que ha dimitido al publicarse la noticia, poniendo una vez más a Marlaska en el punto de mira, pues González era su hombre de absoluta confianza, al extremo de que él no sólo le nombró en tan alto cargo, sino que incluso modificó la normativa para facilitarle que permaneciera en activo y al mando de la Policía más allá de su edad de jubilación. González, que llevaba en el cargo desde 2018 dimite, forzado por las circunstancias y la presión del ministro, quien alega que él no sabía nada y, ante las peticiones de dimisión por parte de la oposición, descarga toda responsabilidad en la presunta víctima diciendo que si ella se lo pide o se siente desamparada, él sí dimitiría, aunque curiosamente no se pone en contacto con ella para preguntárselo y quien sí contacta con ella es la nueva DAO, sucesora de González, para ponerle escolta. Interior investiga ahora si el círculo del Jefe de la Policía tapó la agresión sexual y coaccionó a la víctima lo que sería algo muy, pero que muy grave, lo que exige llegar hasta el final en la investigación para que se depuren todas las responsabilidades, no sólo las penales, sino también las políticas. Hechos tan horrorosos no caben en países democráticos y si se producen aisladamente han de ser depurados penal y políticamente de forma contundente por mera salud democrática y por solidaridad con la víctima. Marlaska, que destituye a la mano derecha de González por coaccionar a la inspectora, que grabó determinadas conversaciones y las aporta a la causa, no puede ni debe refugiarse en que el Gobierno al que pertenece cierra filas con él y su Presidente le apoya, ni González puede decir tras su dimisión que “renuncié para no dañar el nombre de la Policía”, pues el daño a la credibilidad policial es inmenso y aunque sólo sea como aviso a navegantes no puede quedar impune. El PP pide la dimisión de Marlaska y el Gobierno y el PSOE le echan en cara el asunto del alcalde popular de Móstoles, es decir, echan mano del “y tú más” para evitar llamar a las cosas por su nombre y desviar la atención. Se publica entretanto que los excesos de González eran un clamor; que su actitud inapropiada con las mujeres era conocida; que la policía agredida recibió ofertas de trabajo para que no denunciara los hechos ni a los responsables; y que se la mandó a trabajar junto al DAO tras la agresión hace casi un año cuando ella eligió “más de treinta destinos, todos” pero le asignaron la sede del comisario principal….es lo que hay; y Marlaska diciendo que desconocía todo, es decir, que él no se enteraba de nada de lo que sucedía con sus hombres de absoluta confianza (seguro que también desconoce que las pulseras anti-maltrato sí fallaron, pues se dieron 54 avisos entre 2024-2025). En fin, sin más comentarios.

          Y como nadie se entera de nada ni es responsable de nada Montero afronta otro nuevo escándalo tras detener la UCO a Rafael Pineda, quien fuera Jefe de Gabinete y asesor del actual Delegado del Gobierno, por un supuesto pelotazo urbanístico; mientras Borja Cabezón, adjunto a la Secretaría de Organización del PSOE y responsable de Transparencia, es cuestionado por presunta ingeniería fiscal para defraudar a Hacienda, y la Vicepresidenta Yolanda Díaz no paga el plus de productividad a los inspectores, quienes denuncian que incumple la Ley con su “juego de trileros”. Por su parte Vox suspende a Ortega Smith como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid y éste le “planta batalla” al partido de extrema derecha al que el PP advierte de que “si no quiere trabajar con nosotros, nos medimos en las urnas”, cuando están pendientes las investiduras autonómicas. Y Ayuso  en Madrid en su peor momento al renunciar al escaño tres diputados autonómicos y cesar dos altos cargos tras la salida del Consejero de Educación, desatando en el partido una inesperada crisis.

          Y mientras tanto el Congreso de los Diputados rechaza la propuesta de Vox, apoyada por el PP, de prohibir el burka en espacios públicos, aunque varios grupos, como PNV, CC o PSOE se abren a un “debate serio” sobre la iniciativa de la extrema derecha, y Junts, partidario de la prohibición presentará su propia iniciativa para prohibirlo pero sin seguir el juego a los “fascistas”. Por su parte el PP presentará su propia ley contra el burka para “defender la igualdad” de las mujeres, con un texto que contempla sanciones y que no cita inmigración o islamismo como hace Vox…. En fin que con el burka, no pero sí: si es el burka que propone Vox, rechazo, pero si no es la extrema derecha quien lo propone, apoyo. Por su parte Illa negocia con ERC no regularizar a inmigrantes que no hablen catalán, desmintiendo a la ministra de Inclusión que dijo que “la lengua no es un requisito para denegar un permiso”…. Si lo de Illa lo llega a proponer la extrema derecha, sería pura xenofobia racista, pero como lo propone la izquierda del PSC con el apoyo de la extrema izquierda de ERC no ex xenofobia, ni racismo ni nada que se le parezca. Me temo que para que la izquierda y la extrema izquierda empiecen a levantar cabeza se requiere algo más que una marca de unidad izquierdista dirigida por un secesionista con el fin de liberar a España del peligro que supone la llegada al poder de la extrema derecha.

                                    Jorge Cremades Sena

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