Ante las debacles
electorales que viene sufriendo la
izquierda, incluido el PSOE, Gabriel Rufián, portavoz de la secesionista ERC, y Emilio Delgado, portavoz
adjunto de Mas Madrid en la Asamblea madrileña, llaman a la movilización
ciudadana para unir a “la izquierda a la izquierda del PSOE”, con el que, tras los respectivos comicios, tejen
alianzas gubernamentales a nivel nacional y a nivel autonómico catalán, dado
que en cada elección a la que se presentan separados sufren un varapalo mayor
que el anterior frente al ascenso “peligroso” de la “extrema derecha” que
representa Vox y el PP (según ellos, no
hay centro derecha) quiénes últimamente obtienen más votos y escaños que
todo el universo izquierdista junto, incluido el PSOE, quien, a su vez, sufre
en particular una mayor diferencia de escaños en su contra respecto al PP. Es
obvio que, de seguir esta tendencia, el riesgo del PSOE y sus múltiples aliados
de “izquierdas a su izquierda” es pasar no ya a la oposición, que es algo
normal en democracia, sino a la irrelevancia política, que es lo que avala la
estrategia de Rufián y Delgado para intentar cortar, en la medida de lo
posible, la hemorragia electoral que vienen sufriendo, de cara a los comicios
que se avecinan. Por todo ello, ambos políticos apelan a los progresistas de
toda España, incluidos los que votan al PSOE, para que se unan a su estrategia
de unidad frente-populista, y el secesionista Rufián insta a todos los partidos
de izquierdas (excepto al PSOE), que no son pocos, a que en cada provincia se
presente a los comicios sólo el más fuerte de ellos para apoyar así su genuino
plan de montar “algo diferente” y agitar “el miedo” a PP y Vox, que cada vez
asusta a menos gente. Iniciativa de Rufián-Delgado que por coherencia nos
llevaría a que en cada provincia se presentara sólo quien más fuerza tiene, es
decir, el PSOE (salvo en Madrid que es Más Madrid) si realmente lo que se
pretende es revitalizar la izquierda y no la “extrema izquierda”, lo que, de
entrada, rechazan ya, entre otros, Podemos y la propia Yolanda Díez como
dirigente de Sumar que se desmarcan de la iniciativa personal de Rufián-Delgado
y de su nueva propuesta de confluencia, la enésima, para seguir vendiendo humo
a los ciudadanos, que cada vez son más los que, para empezar, prefieren y piden
que se llame a las cosas por su nombre y sean coherentes en el lenguaje
aplicando criterios similares a cosas iguales, entre ellas, por ejemplo, que,
si a los partidos a la derecha de la derecha del PP los llaman “extrema
derecha”, se llame “extrema izquierda” a los partidos a la izquierda de la
izquierda del PSOE; o si prefieren, para suavizarlo un poco, “derecha radical” o “izquierda radical” y así
saber de qué estamos hablando sin intencionadas connotaciones peyorativas sobre
unos u otros extremismo. Lo cierto es que, como casi todo está ya inventado, Rufián-Delgado
lo que pretenden, lo vendan como lo vendan, es restaurar el patético “Frente
Popular” creado en 1936 por los partidos de izquierdas tras la victoria en 1933
del centro-derecha y la CEDA, coalición de derechas no monárquicas, que, guste
o no, dieron paso a la sangrienta Guerra Civil Española y, en definitiva, a la
posterior dictadura militar franquista. En definitiva, reeditar el aciago
Frente Popular de la extrema izquierda que causa tanto miedo como la extrema
derecha.
Si lo que Rufián-Delgado buscan es repetir los errores
del pasado, que los ciudadanos tomen nota; y si lo que pretenden es que los
múltiples partidos de extrema izquierda (Podemos, IU, Esquerra Unida i
Alternativa, ERC, Bildu, BNG, Compromís, Comunes…. y todo el que pase por allí)
sigan sobreviviendo y vendiendo humo, es otra cosa. No obstante todo apunta a
más de lo mismo: un nuevo falso proyecto de unidad que, como hasta ahora, es mera demagogia para
vender mejor la burra de un inexistente programa político común y así
garantizar las poltronas de los principales dirigentes. Mera demagogia de la
extrema izquierda, escasa y malavenida, con una nueva marca y un nuevo salvador
de la patria a la cabeza, Rufián, cuyo objetivo es acabar con el actual Estado
de Derecho democrático diseñado en nuestra Constitución, ya la más longeva de
toda la Historia de España, lo que ha dado lugar a un emotivo acto en el Congreso
de los Diputados para celebrar su longevidad. Un acto de reafirmación
democrática, con la ausencia obviamente de los grupos secesionistas, incluido
el de Rufián, en el que nuestro Jefe de Estado, el Rey Felipe, ha manifestado
que “la mejor manera de homenajear la Constitución es cumplirla”, resaltando
que “la clave de su duración es que no fue la voluntad de una parte de la
sociedad contra otra” e instando a que todos lo tengan presente. En efecto,
nuestra Carta Magna, que repudia la “extrema izquierda”, es la más longeva que
hemos tenido gracias a que su elaboración fue consensuada y no como las
anteriores que siempre fueron de unos españoles contra otros e impuestas por
los vencedores de algún conflicto bélico sin contar para nada con los vencidos.
Mal asunto pues que la extrema izquierda pretenda buscar su unidad por la “vía
Rufián” para, salvando las distancias, resucitar un frentismo izquierdista de
tan amargo recuerdo histórico y justo cuando en el PSOE se reactivan, como
sucedía en 1936, la discordia interna entre dos tendencia o corrientes, la
socialista-populista de Sánchez (entonces de Largo Caballero) y la
socialista-moderada o socialdemócrata de Felipe González (entonces de Indalecio
Prieto), que se ha evidenciado en el citado acto del Congreso con un saludo
protocolario, fugaz y frío entre Pedro y Felipe. La pregunta es que si, como
dicen los sondeos, la derecha gana con claridad las próximas elecciones… ¿se
sumaría el PSOE sanchista a ese Frente Popular de Rufián-Delgado?. En fin,
tiempo al tiempo. De momento un Rufián crecido por su protagonismo en este
asunto, ya exige a Junqueras hacer una lista de ERC a “su medida” para volver a
ser el candidato del partido republicano.
Entretanto dimite el Jefe de la
Policía Nacional tras conocerse una denuncia contra él por agresión sexual interpuesta
por una agente, que, presuntamente fue violada por José Ángel González y luego
la coaccionó para que no acudiera a la Justicia. Hechos gravísimos
protagonizados por el DAO de la Policía Nacional, el comisario González, que ha
dimitido al publicarse la noticia, poniendo una vez más a Marlaska en el punto
de mira, pues González era su hombre de absoluta confianza, al extremo de que
él no sólo le nombró en tan alto cargo, sino que incluso modificó la normativa
para facilitarle que permaneciera en activo y al mando de la Policía más allá
de su edad de jubilación. González, que llevaba en el cargo desde 2018 dimite,
forzado por las circunstancias y la presión del ministro, quien alega que él no
sabía nada y, ante las peticiones de dimisión por parte de la oposición,
descarga toda responsabilidad en la presunta víctima diciendo que si ella se lo
pide o se siente desamparada, él sí dimitiría, aunque curiosamente no se pone
en contacto con ella para preguntárselo y quien sí contacta con ella es la
nueva DAO, sucesora de González, para ponerle escolta. Interior investiga ahora
si el círculo del Jefe de la Policía tapó la agresión sexual y coaccionó a la
víctima lo que sería algo muy, pero que muy grave, lo que exige llegar hasta el
final en la investigación para que se depuren todas las responsabilidades, no
sólo las penales, sino también las políticas. Hechos tan horrorosos no caben en
países democráticos y si se producen aisladamente han de ser depurados penal y
políticamente de forma contundente por mera salud democrática y por solidaridad
con la víctima. Marlaska, que destituye a la mano derecha de González por
coaccionar a la inspectora, que grabó determinadas conversaciones y las aporta
a la causa, no puede ni debe refugiarse en que el Gobierno al que pertenece
cierra filas con él y su Presidente le apoya, ni González puede decir tras su
dimisión que “renuncié para no dañar el nombre de la Policía”, pues el daño a
la credibilidad policial es inmenso y aunque sólo sea como aviso a navegantes
no puede quedar impune. El PP pide la dimisión de Marlaska y el Gobierno y el
PSOE le echan en cara el asunto del alcalde popular de Móstoles, es decir,
echan mano del “y tú más” para evitar llamar a las cosas por su nombre y
desviar la atención. Se publica entretanto que los excesos de González eran un
clamor; que su actitud inapropiada con las mujeres era conocida; que la policía
agredida recibió ofertas de trabajo para que no denunciara los hechos ni a los
responsables; y que se la mandó a trabajar junto al DAO tras la agresión hace
casi un año cuando ella eligió “más de treinta destinos, todos” pero le
asignaron la sede del comisario principal….es lo que hay; y Marlaska diciendo
que desconocía todo, es decir, que él no se enteraba de nada de lo que sucedía
con sus hombres de absoluta confianza (seguro que también desconoce que las
pulseras anti-maltrato sí fallaron, pues se dieron 54 avisos entre 2024-2025). En
fin, sin más comentarios.
Y como nadie se entera de nada ni es
responsable de nada Montero afronta otro nuevo escándalo tras detener la UCO a
Rafael Pineda, quien fuera Jefe de Gabinete y asesor del actual Delegado del
Gobierno, por un supuesto pelotazo urbanístico; mientras Borja Cabezón, adjunto
a la Secretaría de Organización del PSOE y responsable de Transparencia, es
cuestionado por presunta ingeniería fiscal para defraudar a Hacienda, y la
Vicepresidenta Yolanda Díaz no paga el plus de productividad a los inspectores,
quienes denuncian que incumple la Ley con su “juego de trileros”. Por su parte
Vox suspende a Ortega Smith como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid y éste
le “planta batalla” al partido de extrema derecha al que el PP advierte de que “si
no quiere trabajar con nosotros, nos medimos en las urnas”, cuando están pendientes
las investiduras autonómicas. Y Ayuso en
Madrid en su peor momento al renunciar al escaño tres diputados autonómicos y
cesar dos altos cargos tras la salida del Consejero de Educación, desatando en
el partido una inesperada crisis.
Y mientras tanto el Congreso de los
Diputados rechaza la propuesta de Vox, apoyada por el PP, de prohibir el burka
en espacios públicos, aunque varios grupos, como PNV, CC o PSOE se abren a un “debate
serio” sobre la iniciativa de la extrema derecha, y Junts, partidario de la
prohibición presentará su propia iniciativa para prohibirlo pero sin seguir el
juego a los “fascistas”. Por su parte el PP presentará su propia ley contra el
burka para “defender la igualdad” de las mujeres, con un texto que contempla
sanciones y que no cita inmigración o islamismo como hace Vox…. En fin que con
el burka, no pero sí: si es el burka que propone Vox, rechazo, pero si no es la
extrema derecha quien lo propone, apoyo. Por su parte Illa negocia con ERC no
regularizar a inmigrantes que no hablen catalán, desmintiendo a la ministra de
Inclusión que dijo que “la lengua no es un requisito para denegar un permiso”….
Si lo de Illa lo llega a proponer la extrema derecha, sería pura xenofobia
racista, pero como lo propone la izquierda del PSC con el apoyo de la extrema
izquierda de ERC no ex xenofobia, ni racismo ni nada que se le parezca. Me temo
que para que la izquierda y la extrema izquierda empiecen a levantar cabeza se
requiere algo más que una marca de unidad izquierdista dirigida por un
secesionista con el fin de liberar a España del peligro que supone la llegada
al poder de la extrema derecha.
Jorge Cremades Sena
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