Uno de los principales problemas que tiene la
Justicia en España es su lentitud, deteriorando gravemente el objetivo
prioritario de su quehacer diario. No en vano la jueza Ana Ferrer, la primera
mujer en la Sala Penal del Supremo, dice rotundamente que “la Justicia que se
dilata en el tiempo, es menos justicia”. Y no le falta razón. ¿Qué sentido
tiene dictar sentencia años y años después de haberse producido los supuestos
delitos? Es injusto tanto si los imputados son finalmente culpables o
inocentes, y es injusto, en todo caso, para las supuestas víctimas que merecen
la respuesta rápida del Estado ante los supuestos agravios recibidos. Son
demasiados los recovecos que nuestras leyes contemplan para que, quienes
pueden, dilaten sine die los procesos judiciales que, al final, son un
verdadero cajón de sastre legal para entorpecer, en vez de favorecer, el
trabajo de los jueces; son muchos los privilegios de muchas personas y
probablemente excesivas las garantías de los supuestos delincuentes, si se
comparan a las garantías que debieran recibir sus víctimas de una temprana reparación
de los perjuicios sufridos. No en vano añade la citada jueza que, por ejemplo,
serías necesario “reducir el número de aforados”.
Y,
hablando de aforados, precisamente se conoce la noticia del proceso a un diputado,
en este caso de CiU, por hacer favores a un empresario ruso, coincidiendo con
la afirmación de Juncker de que “cualquier acuerdo sobre Cataluña debe ser
dentro del marco constitucional”. Coincidiendo además con los referéndums
ilegales en determinadas regiones del este y sur de Ucrania, promovidos por la
población prorrusa, no deja de ser curiosos. Aunque se trate de meras
coincidencias, algún que otro malpensado, podría deducir que los tentáculos
rusos son más alargados de lo que se piensa. En fin, dejemos las elucubraciones
con la esperanza de que este diputado catalán, al igual que otros tantos
políticos procesados, sean juzgados lo antes posible como urgente necesidad de
que la justicia sea justa y no, como dice la jueza Ferrer, menos justa,
eufemismo, en todo caso, de injusta. Por cierto, hablando de justicia, parece
ser que el conductor de la excavadora que, supuestamente, provocó el accidente
del microbús en Extremadura acumulaba siete sanciones graves de tráfico y que
era un consumidor habitual de drogas; si, como dice el ministro del Interior en
el funeral de los cinco adolescentes fallecidos, hay que conseguir que “su
sacrificio sirva para algo” es obvio que no va a ser por arte de magia y que
los poderes públicos han de actuar con urgencia para que estas cosas no vuelvan
a suceder. ¿Qué hace con semejante historial un sujeto conduciendo una
excavadora por las carreteras españolas? ¿cuántos como él lo hacen
habitualmente? En fin, este es el verdadero drama.
Siguiendo
con temas de justicia en general, parece ser que, para intentar reducir delitos
económicos, el Gobierno controlará los datos bancarios de todos los españoles.
Tanto jueces, fiscales, policías y CNI podrán revisar las más de 34 millones de
cuentas bancarias, en tanto que los bancos deberán facilitar la identidad de
todos sus clientes. Me temo que, conociendo el panorama, las acusaciones de
atropello sobre los derechos individuales y otro tipo de argumentos, claramente
tendenciosos, caerán contra el gobierno por pretender semejante control. Lo
cierto es que, en todo caso, quienes han de temer el control no son
precisamente los trabajadores que poco tienen que ocultar, aunque los listos,
que son quienes realmente pueden temer la medida, intenten interesadamente
denigrarla, tachando la medida como fascista o totalitaria que atenta contra
las libertades. Argumento inútil y demagogo ya que es el modelo adoptado en
Francia y en Alemania, con gobiernos claramente democráticos e ideológicamente
contrarios, aunque, ciertamente, sean los dos únicos países que tienen un
sistema similar a éste. Y, hablando de bancos, se conoce que fue EEUU quien
forzó el rescate de Bankía y presionó al Gobierno para que destituyera a Rato.
Al final los detractores de Rato y de EEUU tendrán que reconocer que
los norteamericanos no son tan malos como pretenden mostrarlos.
Hablando de dramas, no
sólo es drama sino tragedia, la persecución implacable que sufren en el mundo
los cristianos. El Cristianismo es la religión más perseguida del mundo,
sufriendo, según el Vaticano, incluso más persecuciones que en sus inicios con
el Imperio Romano. Grupos yihadistas como Boko Haram, que decretan el
exterminio de la población no musulmana, han atacado más de cuatrocientas
iglesias. ¿Se imaginan que tipo de convivencia habría en el hipotético Califato
que pretenden crear entre Nigeria y NIger? Mejor no imaginarlo y, para ello, es
preciso que la Comunidad Internacional tome cartas en el asunto sobre estos
grupos violentos radicales que, por el contrario, no tendrían reparo alguno en
apelar a los derechos humanos para defenderse en caso de ser apresados. En
estas condiciones, la lucha de los demócratas está en clara desigualdad, aunque
desde un punto de vista de la moral, esté en un estadio claramente superior.
Y mientras Adif pide
nada menos que 120 millones para reparar las vías de tren peligrosas, avisando
a Fomento de que si hay más accidentes es por falta de fondos para mantener la
red convencional, Platiní asiste a una “pachanga” futbolística en Gibraltar,
que algunos consideran como una burla a España. Una salida de tono más de tan
insigne deportista italiano.
Para finalizar,
mientras los socialistas intentan convertir las europeas en un plebiscito sobre
Rajoy, las encuestas ponen de relieve su error, ya que, a dos semanas de las
elecciones, el PP dobla su ventaja sobre el PSOE, avanzando 2´4 puntos en dos
meses y, por tanto, ganaría, según NCReport, los comicios con un 32´8% de los
votos frente al 29´9% del PSOE, coincidiendo, más o menos, con otros sondeos
realizados. Si ni siquiera como plebiscito el PSOE es capaz de superar al PP,
más le valdría enfocar los comicios europeos como tal, al menos, en caso de
derrota, podría recurrir a determinados argumentos para hacerla menos amarga.
No hay que olvidar que la UE corre el riesgo de desestabilización si, como
parece, aparece el fantasma de la abstención y el auge preocupante de los populismos.
Centrar el debate electoral europeo en las luchas nacionales entre partidos
nacionales y sobre problemas nacionales en vez de hacerlo sobre asuntos
europeos, que es de lo que se trata, es un error garrafal que perjudica
precisamente a los partidos mayoritarios.
Jorge Cremades Sena
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