domingo, 31 de julio de 2011

RENDIR CUENTAS

            Los cambios de gobiernos locales y autonómicos, que se han producido tras las últimas elecciones, ponen sobre el tapete la falta de trasparencia a la hora de rendir cuentas por parte de los gobernantes salientes, lo que da pie a la sospecha de que también lo hacen los que permanecen –al margen de su color político- hasta que la alternancia política les desaloje. Conducta inadmisible y muy grave si quien la practica es un administrador privado de recursos ajenos, cuyos dueños tienen derecho a saber de forma clara y pormenorizada el uso que ha hecho de los mismos y, por supuesto, a exigirle, si de los datos se observan graves irregularidades, las responsabilidades civiles y penales pertinentes. Sin embargo, al conjunto de todos los españoles se les niega en la práctica este derecho –salvo como miembros de cualquier asociación, sociedad o comunidad de vecinos- cuando el administrador es el gobierno –nacional, autonómico o local- y los bienes administrados son los recursos públicos, es decir, de todos nosotros, que más bien utilizan como recursos de nadie sobre los que pueden actuar con total impunidad. Un panorama insostenible que urgentemente requiere reformas legislativas que, más allá de las responsabilidades políticas, permitan exigir a los gobernantes responsabilidades civiles y penales por actuaciones negligentes o despilfarradoras en la gestión del dinero público que se les ha encomendado. Es la única forma de acabar con actuaciones repudiables, bastante generalizadas, que pueden ejemplarizarse, por su impacto mediático, con la gestión de Barreda en Castilla-La Mancha y sus posteriores explicaciones. Un claro ejemplo de lo que jámas debe suceder.
Barreda, durante el pertinente traspaso de poderes a Cospedal, manifiesta que, a la desmesurada deuda oficial que deja, hay que añadir unos setecientos millones de euros en facturas pendientes. Días después, Cospedal las evalúa en unos dos mil seiscientos millones. El desfase es tan dispar que, si no miente Cospedal, es obvio que Barreda no sabe lo que dice o no dice lo que sabe, es decir, miente con rotundidad. ¿Qué le sucedería a cualquier administrador privado en caso similar? ¿Se conformaría la sociedad gestionada con su cese tras haberla arruinado? Las respuestas son obvias. Sin embargo, al tratarse de un gobernante, en este caso autonómico, los afectados por su pésima gestión –los manchegos de forma directa y el resto de españoles indirectamente- han de conformarse con su obligado cese al perder las elecciones y mantenerlo en activo como jefe de la oposición. Ninguna responsabilidad añadida de tipo personal ante semejante desaguisado, inevitable, por lo visto, a pesar de los distintos organismos fiscalizadores (Tribunal de Cuentas, Intervención, etc) que dan la sensación de actuar al dictado del que manda, convirtiéndose en cómplices del oscurantismo que empaña la credibilidad de nuestra deteriorada economía en el exterior.
Barreda, como única explicación, achaca semejante desfase a la tensión de los días de traspaso de poderes. Es decir, unos dos mil millones de euros que aparecen como deuda en breves días de tensión y que, obviamente, no hubieran aparecido en caso de que dicho traspaso no se hubiera producido. Por lo visto es lo que sucede cuando no hay alternancia política. Chaves, como vicepresidente del Gobierno, expone simplemente que hay herencias buenas y malas, con lo que el problema lo tiene el siguiente gobierno autonómico por haber ganado las elecciones. Es decir, que si no hay alternancia no hay herencia y por tanto no hay ningún problema. Finalmente, Salgado, responsible directa de la economía española, se molesta con la actuación de Cospedal –y no con la de Barreda-, advirtiéndole que debe actuar con prudencia a la hora de hacer manifestaciones públicas que puedan perjudicar nuestra imagen. Es decir, que oculte la caótica ruina económica que le han dejado como herencia para que todo parezca lo que no es. Con semejantes actitudes nos iria mejor si nos gobernara un partido único, que no deja herencias y puede permitirse el lujo de mantenernos a todos en la hinopia. En definitiva, un disparate democrático.
Nadie es responsible de tan nefasta gestión. Nadie, de la ruina económica que ha provocado. Nadie, de la ocultación o engaño al respecto. Desde el señor Barreda –y anteriormente Bono-, pasando por los distintos consejeros económicos, hasta los que conforman las diferentes instancias fiscalizadoras, se lavan las manos, cuando debieran ser susceptibles de sanciones severas, a título personal, por el daño causado y las mentiras u ocultación de datos vertidos sobre el mismo. Pero lo más grotesco es que esta situación se puede generalizar al resto de CCAA y Ayuntamientos, sin que podamos hacer nada para remediarlo. Ni siquiera la actitud de Cospedal –que es digna de elogio- haciendo públicos los catastróficos datos, alivia nuestra desazón, pues para ello sería necesario que su partido, el PP, no sólo actuase así cuando asume la alternancia política, sino también cuando gobiernan ellos, como es el caso de la Comunidad Valenciana, por ejemplo. La solución no pasa por el capricho arbitrario en un concreto lugar y momento determinado, sino por una legislación distinta que exija a todos una verdadera trasparencia, especialmente a los órganos de control, y, en caso de no cumplirla, imponga graves penas personales a los responsables, incluso más severas aún de las que ya existen para el ámbito privado. ¿Están dispuestos a hacerla?. Esa es la cuestión.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena 

miércoles, 20 de julio de 2011

DIMISIÓN E INHABILITACIÓN

            ¿Dónde están los límites para que la ciudadanía tenga que soportar ser gobernada por personajes bajo sospecha? En nuestro país, por lo visto, ni siquiera está claro que estén en el Código Penal, salvo que una determinada sentencia -tras un largo y complejo proceso judicial- les condene taxativamente a la inhabilitación. Teniendo en cuenta que el verbo dimitir no suele ser conjugado en primera persona por nuestros gobernantes -aunque sí en segunda y tercera para que dimitan los contrarios-, no es extraño que los políticos sean uno de los principales problemas de nuestra sociedad, cuando debieran ser la posible solución de los demás problemas que la sociedad padece. Para ello les pagamos y ponemos a su disposición la administración de los recursos públicos conseguidos con el esfuerzo y el trabajo de todos. Por ello mientras ejercen sus respectivos cargos dejan de ser ciudadanos normales al ser investidos de una especial autoridad que implica, junto a una serie de privilegios, un plus de eficacia y responsabilidad frente al resto de los mortales. Sin embargo, una endémica ceguera, instalada en los diferentes partidos políticos y, por ende, en las instituciones que controlan, impide clarificar esta cuestión, única forma de estirpar el cáncer social de la corrupción política, que socaba gravemente los propios cimientos de nuestro sistema democrático. ¿Es tan difícil legislar al respecto con extrema claridad? No debiera serlo si se tienen muy claras las cualidades que han de adornar a las personas que deciden libremente ejercer el noble oficio de la política, entre las que ha de ocupar un lugar privilegiado la honestidad, que lleva implícita la coherencia y la sinceridad. Es decir, la verdad. Por ello en cualquier país civilizado, cuando un gobernante miente, dimite inmediatamente o es cesado de su cargo. ¿Sucede lo mismo en el nuestro? Obviamente, no. Por tanto es urgente establecer una legislación que clarifique específicamente los límites que nuestros políticos jamás deben rebasar si quieren seguir ejerciendo como tales, al margen del veredicto final que, ya como personas normales, finiquite el proceso judicial en el que estén inmersos.
            El procesamiento de Camps es el último y más elocuente ejemplo de una praxis perversa por la que, los políticos que están inmersos en un proceso judicial –es decir, bajo sospecha-, amparándose en la presunción de inocencia –como cualquier ciudadano normal, que no son-, mantienen sus cargos durante las diferentes fases del mismo, sin tener en cuenta que, como gobernantes, se les exige un plus de honestidad por el que debieran dimitir en el momento en que se les imputa la comisión de un delito, lo que supone que hay claros indicios de haberlo cometido o participado en él. A la vista está que esta forma de proceder es aquí una excepción ya que ni siquiera lo hacen cuando son procesados, como es el caso. Es más, incluso están dispuestos a permanecer en el cargo aunque la sentencia sea condenatoria, si no contempla la inhabilitación. Un despropósito que se resolvería legislando en el sentido de que, ante la imputación de un delito o, al menos ante el procesamiento, la dimisión se produjera “ipso facto”.
            Pero, siendo muy grave lo anterior, es aún peor lo que esta praxis perversa lleva implícito. Al actuar el imputado como un ciudadano normal, utiliza la mentira -al igual que suele hacer el común de los mortales- como estrategia de defensa para intentar eludir su responsabilidad, olvidando ese plus de honestidad que le es exigible como gobernante, lo que de inmediato le inhabilita para seguir ejerciendo no sólo el cargo que ocupa sino cualquier otro cargo político. Un despropósito que se resolvería legislando en el sentido de, ante una mentira manifiesta, inhabilitación “ipso facto”. Todos los indicios apuntan a que esta es la situación de Camps, quien, si por los hechos por los que se le procesa ya debiera haber dimitido como Presidente de la Generalitat, ahora ya no sería suficiente y debiera ser inhabilitado para cualquier otro cargo público.
            Es obvio que, si pretendemos un regeneracionismo político, hemos de exigir una legislación contundente que impida el libre albedrío de cada gobernante a la hora de valorar su propia honestidad y someter a la ciudadanía, a la que representa, a tener que soportarla. ¿Por qué no se legisla al respecto? Por lo visto, a ningún partido le interesa. Prefieren, en cada caso, activar el ventilador de la basura para minimizar la suya propia, mientras la ciudadanía mayoritariamente quiere barrerla allá donde esté. Estamos cada vez más hartos del “y tú más”, aunque algunos se empeñen en defender lo indefendible en los medios de comunicación. Por eso no vale sacar ahora en las tertulias ni el Faisan, ni la hípica de Bono, ni las mentiras de Barreda sobre las facturas sin pagar. . . ni tantos y tantos asuntos indecentes que hemos de soportar diariamente. De momento Camps debe dimitir y ser inhabilitado; los demás, en la medida que les toque, debieran hacer lo propio. Algunos así lo manifestamos siempre con absoluta imparcialidad, aunque nos sea imposible escribir un artículo en cada caso. Son tantos, que no daríamos abasto ni habría espacio suficiente en los periódicos para publicarlos.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena 

domingo, 17 de julio de 2011

NADA QUE TEMER


            Aunque lamentablemente todos los datos económicos desvelan que vamos de mal en peor para salir de la grave crisis en que nos han metido, hay que ser optimistas y creer que, derrota tras derrota, conseguiremos la victoria final. De momento nada hay que temer. Si hasta el sábado pasado, para cambiar de forma radical el rumbo del gobierno de Zapatero, sólo nos dejaban la alternativa de Rajoy –Cayo Lara queda muy lejos en las encuestas-, desde entonces contamos también con Rubalcaba, que nada ha tenido que ver con los gobiernos de ZP, para liderar este necesario cambio de rumbo, reconocido por él mismo ante el Comité Federal y avalado por todos los miembros de éste. Resulta ahora que Rubalcaba, al igual que Rajoy, sabe perfectamente cómo sacarnos de la crisis, pues dice tener “una idea clara de lo que España necesita; lo que hay que mantener y lo que hay que cambiar” para “el tránsito hacia una nueva economía, más productiva, más sana y equilibrada, más capaz de crear empleo y también de garantizar la igualdad de derechos y oportunidades” sobre la base de “más democracia, más política y más Europa”, marcándose como objetivos para su legislatura “crear empleo, una economía sana, igualdad de oportunidades y cambios en la política y en la democracia”. No está nada mal si tenemos en cuenta que también Rajoy, al igual que Rubalcaba, confía en la recuperación de España, según él “un país solvente” que “tiene solución y los españoles tienen futuro” con “un proyecto nacional” que consiga los objetivos de “empleo y ofrecimiento económico, reforma y modernización del sector público, fortalecimiento institucional y regeneración política, proyección exterior de España, mantenimiento del Estado del Bienestar y apuesta por la educación”. Ya ven, todo perfecto, pues, si tan claro lo tienen cualquiera de los dos posibles vencedores de las próximas elecciones generales, nada hay que temer de cara al futuro y sólo cabe preocuparse por cuándo las va a convocar Zapatero. Un mal menor, en todo caso, ya que, en el peor de los supuestos, habrán de celebrarse el próximo mes de marzo, aunque desde todas las instancias políticas –excepto desde el PSOE de Rubalcaba- le estén pidiendo adelantarlas por el bien de España.
            No obstante, los mal pensados, que son casi todos –desde los líderes del PP hasta IU, pasando por los del resto de partidos-, se muestran muy críticos con Rubalcaba por no haber aplicado, siendo miembro destacado de los gobiernos de ZP, las recetas que dice tener ahora para sacar a España de la crisis, evitando así el sufrimiento que padecemos los españoles; también por haber apoyado sin fisuras, precisamente las recetas contrarias y, en todo caso, por no pedirle ahora a Zapatero que convoque urgentemente las elecciones o aplique entretanto sus recetas para que el deterioro de nuestro país no siga creciendo, evitando así la contradicción entre lo que hace el gobierno socialista y lo que el Comité Federal del PSOE dice que hay que hacer. Incluso los bienintencionados, como yo, hemos dado cierta credibilidad a las críticas, desde que la coordinadora de la campaña del candidato socialista, Elena Valenciano, ha aclarado al respecto que el PSOE quiere hacer “una política distinta porque el momento es distinto y exige cosas diferentes” y el propio ZP ha añadido que “el Gobierno gobierna y tiene como motivo fundamental de su tarea la recuperación de nuestro país y como es natural, el partido tiene que formular su proyecto político”. Todos nos preguntamos: ¿acaso el proyecto político no pretende como tarea fundamental la recuperación? ¿acaso, si el momento es distinto, no es mejor que las políticas diferentes se practiquen desde ya?. La respuesta de los mal pensados ha sido acusar a Rubalcaba de demagogia, pero los bienintencionados preferimos creer que no hemos entendido bien lo que Valenciano y ZP han querido decir, ya que uno de los graves problemas que ha tenido este gobierno ha sido la comunicación, pero ahora, con las dotes oratorias de Blanco como portavoz, estamos seguros de que pronto entenderemos nítidamente los mensajes. Quedarnos sólo con Rajoy como único posible ganador devalúa el proceso electoral. Incluso el propio Rubalcaba ya dijo en el Comité Federal que no prometería nada que no pudiera cumplir, lo que le diferencia de las promesas que en su día hizo ZP, por lo que acusarlo de demagogo me parece excesivo.
            Que Rubalcaba ha sido un importante baluarte en los gobiernos de ZP y corresponsable de sus resultados; ya lo sabemos. Él mismo lo reconoce al afirmar que pretende “continuar la labor de los gobiernos de ZP y de Felipe González”, lo que contradice las diferentes políticas que ahora plantea. Pero todo, absolutamente todo, se puede explicar, aunque cueste creerlo, desde otra perspectiva: que ZP impidió que sus propuestas prosperaran, que las ha descubierto recientemente y ZP no quiere aplicarlas, que votó las de ZP por corresponsabilidad. . . Que ¿por qué no abandonó el gobierno? Es obvio, de haberlo hecho seguramente ahora no sería candidato y los españoles jamás hubiéramos conocido su “idea clara de lo que España necesita”. Si casi todos consideran a ZP como el malo de la película, ¿por qué no considerar a Rubalcaba como el bueno de la misma? No hay que ser tan mal pensados. ¿O sí?.

                            Fdo. Jorge Cremades Sena

martes, 12 de julio de 2011

IZQUIERDA UNIDA, UN DILEMA EXISTENCIAL


            El resultado electoral en Extremadura ha puesto a IU en el ojo del huracán, convirtiéndola en el blanco de todas las críticas y todos los halagos, según el color y el interés de quienes lo hagan. El PP gana las elecciones pero sin mayoría absoluta (32 escaños), por lo que el PSOE, segundo partido más votado (30 escaños), necesita el apoyo de IU (3 escaños) si quiere seguir gobernando, cuestión que todos daban por hecho. Pero el Consejo Político de IU en Extremadura, tras consultar a sus bases, ha decidido abstenerse en la investidura, permitiendo que el PP, como lista más votada, gobierne por primera vez a los extremeños y desaloje a los socialistas que lo venían haciendo desde siempre. Una decisión política controvertida y arriesgada que levanta ampollas incluso en la dirección Federal de IU que, por todos los medios a su alcance, intenta impedirlo al considerarlo perjudicial. Paralelamente, un aluvión de argumentos, a favor y en contra de la medida, inunda las tertulias políticas, las entrevistas y los artículos de opinión en los distintos medios de comunicación. La mayoría de los argumentos son generalizadores, de tipo procedimental o ideológico –que gobierne la lista más votada, que lo haga la izquierda, etc-, que, curiosamente, se focalizan en el gobierno de Extremadura, cuando en la constitución de cientos de gobiernos municipales y algunos autonómicos, sin mayorías absolutas –como es el caso-, se acaban de producir todas las combinaciones posibles, incluso el apoyo explícito de IU al PP y no sólo la abstención para dejar que gobierne la lista más votada. Si todos los partidos juegan libremente al pacto que les interesa, por encima de los planteamientos generales de tipo ideológico ¿por qué, si lo hace IU, es acusada de traición a la izquierda, considerando que sus votantes lo que quieren es que gobierne el PSOE? Si es así, ¿por qué no votaron a los socialistas? ¿acaso la propia IU no les acusa de aplicar una política de derechas?. No querer analizar el dilema existencial que padece IU desde el momento de su fundación en 1986 es lo que trae estas contradicciones argumentales.
            En efecto, desde que, en plenas movilizaciones para sacar a España de la OTAN, se aglutinan todos los partidos de izquierdas -excepto el PSOE- y muchos de ellos deciden formar IU con el protagonismo del PCE de Gerardo Iglesias, tan variopinta coalición padece un dilema existencial, constatable en los diferentes vaivenes sufridos desde entonces, no sólo electorales sino también internos. Su vocación de aglutinar el voto de izquierdas, especialmente de la izquierda del PSOE, obtiene cierto éxito a partir de 1989 con Julio Anguita, coincidiendo con el inicio del declive del PSOE de Felipe González, y va en aumento, paralelamente al PP de Aznar, al erosionar al PSOE entre ambos por la izquierda y la derecha, hasta que los populares derrotan al PSOE en 1996 e IU consigue la mayor aceptación popular con 21 escaños en el Congreso. Después, durante los gobiernos del PP, IU inicia un declive que le coloca de nuevo con Llamazares a niveles inferiores a 1986 en las elecciones de 2004 con sólo 5 escaños, mientras el PSOE de ZP triunfa, y, entretanto, IU toca fondo en 2008 con sólo dos diputados. Es obvio que cuando peor le va al PSOE mejor le va a IU y viceversa, ya que ambos, en buena medida, se disputan el mismo electorado y, además, la ley electoral premia a la opción mayoritaria que, hasta el momento, siempre ha sido el PSOE frente a IU. En las recientes elecciones se pone en evidencia de nuevo la obviedad de que, desde un punto de vista pragmático-partidario, el contrincante de IU es el PSOE y no el PP, contrincante ideológico de ambos. Si IU utiliza el pragmatismo partidario se le acusa de “pactos antinatura” y si utiliza la ideología, el “voto util”, para que gobierne la izquierda, se condena a ser correa de trasmisión del PSOE, que, desde su hegemónica posición, no repara en usar su apoyo, cuando lo necesita, para su interés pragmático-partidario, poniendo en evidencia que el verdadero “voto util” para la izquierda no es el que se produce “a posteriori” del proceso electoral, sino “a priori”, es decir, el hundimiento o la desaparición de IU. Es el talón de Aquiles de IU, su dilema existencial: o intenta erigirse en fuerza mayoritaria frente al PSOE -su verdadero objetivo a batir como organización política-, o desaparece y se integra en el PSOE para aglutinar el voto de izquierdas.
Por tanto, el declive actual del PSOE –como en 1993- explica, por sí mismo, la posición que IU tiene en Extremadura y en otros lugares; basta recordar la famosa “pinza” de Anguita con Aznar frente al deteriorado Felipe González. Si el PSOE gobernara con el apoyo de IU, tras hacerlo durante mucho tiempo por mayoría absoluta y relegarla al desprecio, quien saldría beneficiado como partido en el futuro sería el PSOE ya que votar IU para el entreguismo carece de sentido. Si ambos pasan a la oposición frente al PP, la disputa del voto de izquierdas recobra sentido para desalojar del poder a la derecha como enemigo común, aun con el riesgo de que el voto se decante por el PSOE, como sucedió a partir del 2000, provocando de nuevo el hundimiento de IU. Pero es la única alternativa que tiene IU de sobrevivir, siempre que no aparezcan traiciones de militantes significativos –como viene sucediendo-, quienes, obviamente, serán acogidos de forma entusiasta por el PSOE y les premiará con cargos importantes para seguir manteniendo a IU en una posición minoritaria como apéndice de los socialistas. ¿Es esto lo que le conviene a IU como organización política partidaria? ¿Es lo que le conviene a la izquierda? En sus filas tendrán que descubrir las respuestas a su dilema existencial.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

domingo, 26 de junio de 2011

A LA DERIVA (sinopsis histórica reciente del PSPV-PSOE)


            Desde hace demasiado tiempo el PSPV-PSOE navega sin rumbo fijo y a la deriva por un mar de incertidumbres, mientras que el PPCV-PP, inmerso en un mar de escándalos, saca provecho sometiendo a los socialistas a sucesivas derrotas en la Comunidad Valenciana, especialmente esta última que ha sido catastrófica. Lo más doloroso es que, después de cada derrota, el partido no reacciona y, una y otra vez, sólo es capaz de ofrecer más de lo mismo: mediocridad, ausencia de liderazgos, indefinición y una feroz lucha fratricida entre los diferentes grupúsculos que lo atomizan, haciendo inviable la confección de un proyecto coherente y creíble para la ciudadanía.
            Obviamente tan lamentable situación no surge por generación espontánea, sino que es el resultado de un proceso que, a mi juicio, se inicia a nivel nacional durante la legislatura de 1993-96 y a nivel valenciano en la de 1995-99. Hasta el inicio de las mismas no se percibe, al menos públicamente, ningún síntoma de deterioro interno. Felipe González gobernaba desde 1982 con tres mandatos por mayoría absoluta y dirigía al PSOE desde 1974; Juan Lerma hacía lo propio en la Comunidad Valenciana desde 1983 con tres mandatos – dos de ellos, el primero y último, por mayoría absoluta- y dirigía al PSPV desde 1979. Conseguirlo no había sido tarea fácil, ni a nivel interno ni externo, en una época, La Transición, difícil y llena de incertidumbres.
El PSOE histórico, en el exilio, no había sido el partido de izquierdas más activo en el franquismo –lo era el PC- y el ideario socialista y socialdemócrata español estaba atomizado en múltiples partidos -PSP, FPS, PSC, PSD, PAD…- con aspectos bastante diferenciados de tipo ideológico y programático, por lo que aglutinarlos en torno al PSOE-renovado de Felipe González y consolidar el proyecto de cara al exterior como una opción viable de gobierno supuso importantes esfuerzos, teniendo en cuenta que éramos muy pocos militantes. La creación y consolidación de múltiples agrupaciones locales, las casas del pueblo, para llegar con una infraestructura partidaria hasta los más pequeños lugares, y la formación de militantes y cuadros políticos en las mismas fue una tarea muy apasionante para todos los que tuvimos que ejercer, casi desde el inicio de nuestra militancia, algún cargo de responsabilidad orgánica. El éxito electoral del PSOE en las Constituyentes de 1977 le convierte con 118 escaños -8 de ellos del PSC-C- en la segunda fuerza política, tras la UCD de Adolfo Suárez, y en un referente imprescindible para la elaboración de la Constitución. Tal responsabilidad exigía un mayor esfuerzo, no sólo de tipo orgánico sino también de definición ideológica, especialmente cuando en las Generales de 1979 se incrementan los resultados, al obtener 121 escaños, y el PSOE, definitivamente, se consolidaba como una verdadera alternativa de gobierno, si los españoles éramos capaces de consolidar la recién nacida Democracia en aquellos difíciles años, preñados de crisis económica, de terrorismo y amenazas golpistas que ponían al borde del abismo a una España en la que estaba todo por hacer.
Nuevas exigencias, nuevos retos, que requerían una reflexión interna para hacer un proyecto asumible por la mayoría de los ciudadanos. Un proyecto mayoritario a nivel interno con aspiración de ser mayoritario para la ciudadanía, que abría un periodo de confrontación ideológica entre las diferentes sensibilidades que convivían dentro del PSOE, ya consolidado como claro referente de las opciones socialistas democráticas. El marxismo, los bloques militares, la definición, la estructura organizativa. . . serán los siguientes temas de debate, más o menos acalorados, que afrontará el PSOE antes del histórico éxito electoral conseguido en 1982, por el que con 202 escaños -81 más que en la legislatura precedente- Felipe González se convierte en el Presidente del Gobierno que goza de la mayoría absoluta más abultada de nuestra historia democrática. El trabajo bien hecho daba sus frutos. La Transición llegaba a su fin. Algunos, entre los que tengo el honor de encontrarme, aparcamos nuestro trabajo privado temporalmente y tuvimos el alto privilegio de formar parte como diputados de aquel histórico momento. Otros compañeros, que ya tenían cierta experiencia parlamentaria desde la legislatura constituyente y la anterior, seguro que sintieron el mismo entusiasmo que los que llegábamos por primera vez a tan alta responsabilidad ante un horizonte esperanzador para realizar el cambio modernizador que necesitaba España.
            Y así fue. Las mayorías absolutas conseguidas en las elecciones de 1982, 1986 y 1989, propiciaron una transformación de España sin precedentes, tanto a nivel interno como en su papel exterior. El tándem Felipe González-Alfonso Guerra, como principales dirigentes del Gobierno y del PSOE –González como el indiscutible líder y Guerra como el indiscutible organizador-, pilotaron este extraordinario cambio, hasta que durante la última de estas legislaturas (1989-1993), determinadas fisuras entre ambos, provocan la dimisión de Guerra como Vicepresidente del Gobierno en 1991, abriendo en el PSOE una disputa interna que se materializa en dos corrientes enfrentadas, los “guerristas” y los “renovadores”· Entretanto se van conociendo, tanto a nivel interno como exterior, una serie de escándalos de corrupción en que se ven involucrados importantes cargos del Estado (Roldán, Mariano Rubio, Mario Conde…) y relevantes personajes del Gobierno (Vicente Albero, Juan Guerra, Narcís Serra, García Vargas…) a lo que se añaden casos de financiación ilegal socialista (Filesa) y la vinculación de los GAL al Estado que salpica a altos cargos del Ministerio de Defensa (Barrionuevo, Vera…). Un panorama sombrío que sorprende a propios y extraños en un ambiente de crisis económica y política que apunta directamente a un previsible descenso electoral del PSOE.
            En tan adversas circunstancias se afrontan las elecciones de 1993. El PSOE tenía dos opciones al margen del mayor o menor riesgo de perderlas: recuperar y afirmar sus esencias ideológicas y su identidad, que habían propiciado la victoria de 1982, depurando a los corruptos “ipso facto” –no todos los socialistas eran corruptos-, o buscar un mensaje nuevo y unas personas no socialistas para desvincular ante la opinión pública lo que en estos momentos significaba el PSOE, desvirtuándolo de alguna manera. Se optó por esto último y, aunque sin mayoría absoluta, se volvió a ganar. El precio a pagar fue muy alto y los que participamos como candidatos en aquella campaña electoral bien lo sabemos. Para las candidaturas se fichó a una serie de “estrellas” no socialistas a imagen y semejanza de las de Madrid con Baltasar Garzón de número dos, justo detrás de Felipe González, que relegaban a socialistas de toda la vida que sí se sentían orgullosos de serlo a pesar de los desmanes de algunos compañeros. Estas “estrellas” salvadoras, durante la campaña, no tenían reparo alguno en proclamar su condición de no militancia, de no socialistas, obligando a los socialistas, bien a reafirmar el orgullo de serlo ante los votantes y asistentes a los mítines, bien a permanecer en silencio ante el bochornoso espectáculo. Hubo de todo. Y se ganó, dando paso a la última legislatura con gobiernos de Felipe González gracias a alianzas con los nacionalistas vascos y catalanes.
            Esta última legislatura de mayoría socialista (1993-1996) devino en un caos desde el punto de vista interno-partidario y desde el punto de vista gubernamental. Pronto se constató la intencionalidad de aquellas “estrellas” que supuestamente nos ayudaron a ganar las elecciones, valga como ejemplo el citado Garzón, así como el precio a pagar a los nacionalistas por sus apoyos. Pero, a mi juicio, fue mucho peor el deterioro interno del Partido Socialista, especialmente de algunas federaciones como la valenciana –que aún no se ha recuperado-, a medida que avanzaba la legislatura y se evidenciaba que las siguientes elecciones se iban a perder. Bajo la apariencia de “renovación” fueron surgiendo corrientes internas de tipo personalista que sólo buscaban, a cualquier precio, hacerse un hueco en las siguientes listas para mantener el cargo público. La traición, la deslealtad, la zancadilla, el codazo, el descrédito público gratuito e interesado…fueron la moneda de cambio entre los compañeros, haciendo buena la frase de que en las relaciones humanas se puede ser amigo, conocido, enemigo o compañero de partido. Un ambiente irrespirable que nada tenía que ver con lo que la organización había sido hasta poco tiempo atrás.
            Si este siniestro panorama es aplicable al PSOE, se agrava aún más en el PSPV y en la Agrupación de Alicante de forma especial. Se pierden las elecciones autonómicas y locales de 1995. Juan Lerma deja de ser Presidente de la Generalitat y Ángel Luna deja de ser Alcalde de Alicante. Ambos son los secretarios generales de sus respectivas demarcaciones partidarias, pero ninguno de los dos se mantiene –Luna algo más tiempo- como jefe en la oposición de sus respectivas instituciones públicas.
Y llegan las elecciones generales de 1996 al disolverse las cámaras en enero. Cada familia, grupo, clan o como quiera llamársele se mueve sólo por el afán personal de garantizar su cuota de poder en las listas utilizando el método que sea para conseguirlo. Sorprendentemente en la prensa alicantina aparecen unas declaraciones de Ángel Luna, a la sazón secretario general de la agrupación local, en las que, sin precedentes, hace una crítica pública a los diputados socialistas por Alicante, entre los que me encuentro, por indisciplinados y poco trasparentes. Tan insólito proceder refleja las condiciones en que se van a afrontar las elecciones que ponen punto y final a casi catorce años de gobiernos socialistas e inician para el Partido Socialista una travesía del desierto que en la Comunidad Valenciana y en la ciudad de Alicante aún no ha terminado.  
            Aunque en dichas declaraciones el señor Luna -¿o compañero?- no me citaba personalmente –sí lo hacía con otros- me acerqué a la sede socialista para hacerle llegar una carta, que trascribo:

                        Compañero Ángel Luna
                        Sec. Gral. de la Agrupación de Alicante
                        PSPV-PSOE
                        Alicante, 11 de enero de 1996

            Querido compañero:
            Ante las noticias aparecidas en la prensa de que, como parlamentario, nos habías solicitado una memoria de las actividades desarrolladas en esta legislatura por cada uno de nosotros y no habiendo yo recibido dicha comunicación, al enterarme por la prensa me he puesto en contacto con la Oficina Parlamentaria y me comunican que, en efecto, tienen allí una carta tuya para entregarme, fechada el pasado día dos de enero, pero que no me la han podido hacer llegar. Conociendo al fin su contenido, paso a comunicarte lo siguiente:
PRIMERO: Que me parece que esta situación se hubiese evitado simplemente enviándonos la correspondencia a nuestro domicilio al tratarse de fecha semifestivas y para tener constancia de que la recibíamos haber certificado la misma.
SEGUNDO: Que sin tener la certeza de que teníamos conocimiento de los datos que me pides, me parece tremendamente negativo para el Partido y sus parlamentarios las declaraciones que tú haces en los medios de comunicación, ya que no solamente ponen en entredicho nuestra labor realizada, dando la impresión de que queremos ocultarla, sino que además somos unos indisciplinados que pasamos olímpicamente de lo que nuestra Ejecutiva nos pide. Tú muy bien sabes que, al menos en mi caso, soy muy disciplinado con mi Ejecutiva y siempre he sido muy prudente con los medios de comunicación, hecho que contrasta con tus declaraciones; espero que, al menos, al conocer el contenido de la presente hagas una rectificación pública que palíe el daño personal y político que has causado, ya que de lo contrario me situarás en difícil postura de seguir siendo prudente en la reserva del contenido de la presente.
TERCERO: Que me parece una gran idea el hecho de que por primera vez se tenga constancia del trabajo que los parlamentarios venimos desarrollando y que ello pueda tener influencia en la confección de las distintas candidaturas. Sabes perfectamente que hasta la fecha ello valió de muy poco; por no poner ningún otro ejemplo valga simplemente el mío: Durante las tres legislaturas precedentes y al tener menor trabajo en Madrid, mi dedicación se centró preferentemente en la circunscripción, con la responsabilidad de coordinar el Grupo Parlamentario; ello redundó en una mayor presencia en la provincia y por las agrupaciones locales, lo que influyó que en el año 86, junto al compañero García Miralles, fuese el candidato más propuesto, y en los años 89 y 93 sucediese algo parecido…, al parecer, todo ello siempre valió para que, en las diversas candidaturas, mi lugar siempre fuese de dudosa salida. Todo ello a pesar de que jamás la Ejecutiva Local que diriges haya contado con este parlamentario para ninguna actividad de las que supongo que habréis programado, ya que si no lo hubierais hecho sería mucho peor la situación; tú bien sabes que siempre me puse a disposición de mi secretario general, e incluso en los momentos en que además eras el Alcalde de Alicante en que, como coordinador entonces de Grupo Socialista, insistí a través de tu secretario en prestar toda la ayuda posible que redundara en un futuro más consolidado de los apoyos locales al Partido en Alicante, jamás tuve respuesta a tales intenciones, pensé que por otros cauces estabais consiguiendo dicha consolidación sin necesidad de mi ayuda como coordinador del Grupo Parlamentario o del resto de compañeros; los resultados están a la vista.
CUARTO: Que cuando en el año 93 volví a ser diputado tras la dimisión del compañero Berenguer, la situación política, al tener menos diputados que en legislaturas anteriores y las mayores responsabilidades que la dirección del Grupo Parlamentario me ha encomendado ha propiciado que haya tenido más trabajo en Madrid que el resto de legislaturas, trabajo que, precisamente por centrarse en Madrid puede que sea menos conocido por esa Ejecutiva y que paso a resumiros tal como pretendes en tu carta, aunque lamento no conocer tus intenciones hasta hoy y por la prensa lo cual me impide ser pormenorizador en la respuesta.
Mi labor como diputado en esta legislatura se ha venido desarrollando como:
-vocal de la comisión de Asuntos Exteriores
-vocal de la comisión de Sanidad y luego de Defensa
-coordinador y portavoz socialista de la comisión de Cooperación y Ayuda al Desarrollo
-ponente y portavoz socialista de la Ponencia creada para la elaboración del Informe sobre Seguridad y Cooperación en el Mediterráneo a presentar en la Conferencia Euromediterránea de Barcelona
-miembro del Consejo de Cooperación Federal del PSOE
En principio el hecho de trabajar en cuatro comisiones parlamentarias (lo normal es trabajar en dos) y además ser el coordinador y portavoz de una de ellas, da idea de la tarea harto costosa a desarrollar. Si a ello se añade la portavocía de la Ponencia citada y pertenecer al Grupo Federal de Cooperación, es obvio que casi todos los lunes y viernes (días sin pleno) mi presencia en Madrid era casi obligada, como sucede al resto de compañeros coordinadores y portavoces de Comisión con tarea parlamentaria. Ello es más obvio todavía si tenemos en cuenta que la Comisión de Cooperación ha tenido una actividad vertiginosa en estos dos años por las movilizaciones reivindicativas de la Plataforma del 0´7 y la elaboración del Proyecto de Ley de Cooperación y del de los Créditos FAEX que, por disolución de las Cámaras, se han quedado en puertas de ser aprobados.
Por todo lo anterior, entre ponencia, comisiones y pleno del Congreso he tenido más de 40 intervenciones; varios debates con los portavoces de los demás grupos, especialmente los habidos en la Casa de América sobre la problemática de la cooperación y en el Casino de Madrid con presencia de organizaciones no gubernamentales, la Coordinadora de ONGs; numerosos encuentros y contactos con representantes de las ONGDs, Plataforma del 0´7, Coordinadora, etc así como autoridades del Ministerio de AAEE, de Comercio y AECI, especialmente para ir perfilando las citadas leyes de Cooperación y FAEX, así como la discusión de los diversos Planes Anuales de Cooperación Internacional (PACI de 93, 94, 95).
Pero es además necesario destacar el trabajo realizado en la Ponencia para el Informe a presentar en la Cumbre Euromediterránea de Barcelona como colofón de la acertada Presidencia Europea que ha desarrollado España en el pasado semestre. Como portavoz socialista de dicha Ponencia me siento gratificado del duro trabajo realizado, ya que hemos tenido la posibilidad de muchos encuentros con expertos de la Cooperación, autoridades del Ministerio de AAEE, como el compañero Solana, o de la Unión Europea, como el compañero Marín, por destacar los más interesantes; igualmente hemos tenido que estudiar numerosos informes nacionales e internacionales, etc pero todo ello ha dado el fruto de que, de todos los países de la ribera sur del Mediterráneo y de la Unión Europea presentes en noviembre en Barcelona, solamente el Parlamento Español haya sido quien ha hecho el esfuerzo de aportar su granito de arena ante la Conferencia, presentando nuestro Informe que tuve previamente el honor de defender en el Pleno del Congreso por parte de nuestro Grupo y que finalmente fue aprobado por unanimidad.
Finalizo este resumen destacando que, como miembro del Grupo Federal de Cooperación de la CEF, he venido asistiendo y trabajando con el resto de compañeros que lo integran en todas y cada una de las reuniones en que hemos sido convocados.
QUINTO: Que todo lo anteriormente expuesto, como me imagino que lo realizado por el resto de parlamentarios, hubiese tenido un mayor eco en nuestra ciudad si desde la responsabilidad de la Ejecutiva Local se hubiese hecho una programación adecuada de difusión o debate, aunque en mi caso la mayoría de las veces hubiese tenido que ser los sábados o domingos; yo, al igual que la Ejecutiva, lamento que no haya sido así, lo cierto es que jamás se me convocó a ello. Desde luego lo que no estoy dispuesto a reconocer es la imagen que con tus declaraciones en la prensa estás dando ante la opinión pública y por ello te envío los datos de mi trabajo. Yo muchas veces he tenido la impresión de que el trabajo tuyo como Secretario General, e incluso como alcalde, no era lo suficientemente conocido en los medios de comunicación (ello a pesar de que tienes mayor acceso a los mismos) pero jamás se me hubiese ocurrido y menos sin conocer los datos, hacer públicas esas impresiones, que hacen mal en lo personal y en lo político, una vez más se confirma que cada uno es dueño de sus silencios y reo de sus palabras. Si esos son tus criterios para defender o condenar a nivel personal los candidatos con nombres y apellidos y a través de los medios de comunicación (y te agradezco que al menos a mí no me hayas nombrado como haz hecho con otros) comprendo que en vez de mejorar vamos a peor y así lo vienen aclarando los resultados electorales, pero si además lo haces como mi Secretario General la cosa es mucho más grave todavía.
Esperando haber satisfecho tu deseo de conocer la labor realizada por este diputado aunque de forma tan precipitada, no te pido que ello haga cambiar nada de tus juicios preestablecidos (tú sabrás lo que haces), solamente deseo que al menos reconozcas públicamente los errores de tus últimas declaraciones, para evitar que lo tenga que hacer yo, pues al menos siempre defenderé mi dedicación a lo largo de tantos años a este partido y jamás fui indisciplinado con sus órganos de dirección. Mi conciencia está tranquila y no voy a permitir que ni siquiera tú pongas en entredicho mi entrega a las tareas encomendadas, aunque tú jamás, como responsable del partido, jamás me hayas encomendado ninguna.
                        Saludos socialistas.
           
            Jamás tuve respuesta a dicha carta, que era una despedida. Ya intuía que no tendría respuesta. Tampoco hubo una rectificación pública por parte de Luna a sus erróneas declaraciones. Tomé la decisión de abandonar mi actividad política y solicité a la Consellería de Educación mi reincorporación como profesor; el entonces Jefe Territorial y amigo Pepe Marín, se sorprendió por mi petición, los diputados cesantes teníamos la posibilidad de prorrogar la excedencia especial hasta la confección de las siguientes candidaturas. Días después, tuve la tentación, tal como manifestaba en mi carta, de hacerla pública para que la opinión pública tuviese conocimiento de cómo se hacían las cosas desde la dirección del Partido, pero consideré que ello haría más daño y las elecciones eran inminentes. Preferí definitivamente marcharme en silencio, aunque algunos lo hicieran con ruido, e incluso participé en la pegada de carteles al inicio de la campaña. Perdimos las elecciones, el señor Aznar se convirtió en Presidente del Gobierno, y el PSPV, pero muy especialmente la Agrupación Local de Alicante, inició un camino hacia un precipicio que, hasta la fecha, no ha tocado fondo. Ángel Luna también dejó la política activa poco después para trabajar con Enrique Ortiz como abogado.
            Cuando en 1999 el PSPV vuelve a perder las elecciones inmerso en un océano de división interna, muchos socialistas que, como yo, nos habíamos alejado de la política activa, nos sentimos muy defraudados. ¿Dónde estaba aquel partido por el que tanto habíamos luchado? Por primera vez decidí manifestar públicamente lo que, a mi juicio y al de otros muchos socialistas, estaba sucediendo y, después de tres años de silencio, publiqué en el Diario Información el siguiente artículo:

EL ESPECTÁCULO DEL PSPV-PSOE
          El bochornoso espectáculo que el PSPV está ofreciendo a los ciudadanos, especialmente a los que nos sentimos socialistas o simpatizantes con el socialismo democrático, no es algo casual sino la consecuencia de un perverso proceso de depuración ideológica en beneficio del mantenimiento de los intereses particulares de unos pocos (cada vez son más) que, desde el gobierno de las diversas instituciones del Estado, aprendieron que la Política escrita con minúsculas puede resultar muy ventajoso para la transformación radical de sus propias vidas y haciendas o de sus familiares (obsérvense muchas de éstas y comprueben la vertiginosa transformación acaecida y no correspondida con el sueldo del cargo ocupado). Iniciado este proceso no caben medias tintas: o juegas o te vas, o, en caso de que las circunstancias lo permitan, se acepta que algunos permanezcan con escaso poder de decisión para poder ser eliminados con facilidad en épocas de vacas flacas y en beneficio de los de siempre.
          En el citado proceso se va eliminando progresivamente el inicial “romanticismo ideológico” de la predemocracia y de los años de oposición a los primeros gobiernos democráticos de centro-derecha; romanticismo que, con grandes dosis de utopía (imprescindibles para la ideología de izquierdas) se basaba en valores universales de la izquierda democrática como la honradez, la libertad real, la ética política, la entrega al servicio público, la solidaridad, la lucha contra las desigualdades, etc.; romanticismo que cautivó a una inmensa mayoría de ciudadanos que apostaron finalmente por un grupo de hombres y mujeres que, con ilusión y entrega desinteresada, habían conseguido reestructurar un instrumento político eficaz para encauzar todas sus aspiraciones en un programa a corto, medio y largo plazo que generaba ilusión y esperanza para el futuro. Ese instrumento era el PSOE, con unos principios y unos liderazgos democráticamente asumidos y unas personas con la suficiente autoridad moral y respaldo político para ejercerlos desde las distintas sensibilidades ideológicas (izquierda socialista, nacionalistas, socialdemócratas, etc.).
          Tras los diversos éxitos electorales, una avalancha de personas ajenas a la política hasta entonces (no era rentable hacer política de izquierdas) se van integrando en el Partido y en sintonía con los máximos dirigentes del mismo y de las instituciones territoriales (que siempre coincidían en la misma persona) inician un proceso de sustitución ideológica por un pragmatismo oportunista que va relegando a los “románticos” hasta eliminarlos prácticamente; sustituyendo los necesarios debates conceptuales por escaramuzas personales, los conceptos por las personas como forma real de organización y control partidista, dando paso a la aparición de todos los –ismos posibles (felipismo, guerrismo, pastorismo, lermismo, ciscarismo, romerismo, asuncionismo, franquismo -de Angel, no piensen mal-, etc.), sin ninguna diferencia entre los mismos ni ideológica, ni programática, ni de actuación y estilo político, ni de organización partidista, ni nada de nada.
          El Partido, más que un instrumento básico de actuación política, empieza a parecerse a una confederación de empresas de trabajo temporal (los –ismos citados y los no citados) que pugnan por abrirse un espacio en el mercado (cada vez más reducido) y en la que los “jefes” (así se les llama) y empleados más cualificados dedican todo su esfuerzo a la noble aspiración de convertir su trabajo temporal (cargo público) en empleo estable y definitivo (hecho que les honra como militantes de izquierda). Al igual que el gran capital, estas empresas o –ismos, carecen de color político, su éxito depende casi exclusivamente de la rentabilidad obtenida y los métodos utilizados para conseguirlo (el fin justifica los medios), suelen ser la traición, la deslealtad, la amenaza arbitraria de aplicar los reglamentos, las alianzas interesadas y oportunas entre unos y otros, etc. Esto se deduce desde el inicio del proceso de creación de estas empresas, ya que, normalmente las van creando los más fieles colaboradores del “jefe” de un –ismo anterior del que han aprendido, ejecutando ciegamente sus decisiones, todas las técnicas de actuación que ahora aplicarán inexorable y directamente desde su –ismo propio; eso sí, pasando de ser los más “fieles” defensores de su antiguo “jefe” a los más encarnizados enemigos del mismo (necesidades de la competencia empresarial).
          Así las cosas y a medida que el mercado de trabajo se va reduciendo con la progresiva disminución de apoyos electorales (saltan a la opinión pública demasiados escándalos de los “jefes”) se agudiza la “competencia empresarial” y muchos “fieles” colaboradores de los –ismos desprestigiados ven el momento oportuno de desmarcarse (como si ellos no hubieran tenido nada que ver) para consolidar o crear su nueva empresa; algunos, los más impresentables, no han tenido ningún rubor en ser los más ciegos defensores de varios –ismos (sobre todo si no consiguieron consolidar el suyo propio o durante el tiempo que tardaron en conseguirlo) e incluso han tenido la desfachatez de pertenecer simultáneamente y con la misma euforia a –ismos enfrentados en los distintos ámbitos territoriales. Asimismo para dar cierta credibilidad a la situación se ha recurrido al fichaje de “estrellas” (y “estrellitas” en ámbitos más reducidos) con el pretexto de una renovación de “caras nuevas” reservándose los “jefes empresariales” el derecho a decidir quiénes son las “caras viejas” a sustituir (es el apartamiento definitivo de los últimos románticos) y convirtiendo su propia “cara vieja” en nueva cara renovada por arte de magia con lo que su empresa (su –ismo particular) puede seguir funcionando con los nuevos fichajes. Estas nuevas estrellas y estrellitas ya presumían en los mítines, como reclamo electoral desde las elecciones del 93, de no ser socialistas, dejando asombrados a los socialistas “románticos” que quedaban y a los que se les privaba precisamente de su único bagaje político: defender y comportarse de acuerdo a los principios de aquellos difíciles años predemocráticos. Ahora, por lo visto, tenían que pedir perdón por seguir siendo lo que siempre habían sido. Los resultados están a la vista: sin compromiso político solidario, sin imaginación, sin alternativas, sin líderes éticamente cualificados, sin ideas, en definitiva, es muy difícil ganar a esta derecha que nos gobierna (seguramente por culpa de los “románticos”) a pesar de que la mayoría de los españoles siguen siendo de izquierdas y muchos de ellos (a pesar de la alta abstención en los últimos comicios) sigan prestando su apoyo a lo que queda del PSPV-PSOE.

                            Fdo. Jorge Cremades Sena
                            Alicante, Julio de 1999.

            Desde entonces ha llovido mucho. ¿Pero ha cambiado algo? Incluso el PSOE ha conseguido de nuevo gobernar con Zapatero tras los desgraciados atentados del 11-M y revalidar su confianza en el 2008, confirmando que la mayoría de los españoles son de centro-izquierda. Pero el PSPV sigue hundido; una y otra vez, pierde las elecciones y el apoyo popular ante una derecha que no tiene reparos en presentarse con listas contaminadas, seguros de que, incluso así, van a salir vencedores. ¿Es esto normal? Obviamente no a simple vista.
Curiosamente la Agrupación de Alicante vuelve a estar dirigida por Ángel Luna, el mismo que la dirigía cuando yo, entre otros, decidimos abandonar la actividad política por razones obvias. Él también lo hizo, pero volvió después. Ahora la dirige como presidente de una Gestora, situación de anormalidad, y no como Secretario General. Una Gestora surgida tras el último fiasco electoral, para, una vez más, aparentar una renovación, la misma que decidió cambiar los signos de identidad del viejo PSOE desde el año 93 para ganar las elecciones, que ha llegado en la última confrontación electoral ha minimizar incluso las siglas para captar apoyos, entonces sólo bastaba declararse no militante en los mítines. Una Gestora en cuya gestación siguen apareciendo los de siempre –Luna, Franco, Valenzuela- como la solución final –la anterior la dirigió García Miralles- sin preguntarse si no son ellos el problema. Algunos viejos socialistas, como ellos, aunque no militemos, nos seguimos preguntando si este es el camino correcto. Yo creo que no. A las pruebas me remito.
En todo caso, deseo que esta vez Ángel Luna sea capaz de acertar como dirigente del Partido, especialmente en sus declaraciones públicas, si, innecesariamente, hacen daño políticamente a la organización y personalmente a los compañeros. No siempre como en 1996, por prudencia y responsabilidad, se obtiene el silencio como respuesta. La situación pues puede empeorar. Y sigo agradeciéndole, como le decía en mi carta, que, al menos, a mí no me citara personalmente en aquellas declaraciones tan desafortunadas.
                        Jorge Cremades Sena