Las medidas cautelares son “decisiones judiciales
o administrativas provisionales que buscan proteger un derecho, evitar un
perjuicio o asegurar la eficacia de una resolución futura” que diariamente se
aplican a centenares de ciudadanos encausados procesos judiciales. La decisión
en el ámbito de lo penal de aplicar o no medidas cautelares, que siempre han de
ser provisionales y temporales, es a criterio del juez, así como el tipo de
medida cautelar que aplique, que van desde no aplicar ninguna a decretar
incluso la privación de libertad, y se justifica generalmente en tres
supuestos: evitar la fuga del investigado, que pueda seguir delinquiendo u
ocultar pruebas, ya que su finalidad esencial es “garantizar el correcto
desarrollo del proceso judicial y prevenir riesgos mientras se dicta una
sentencia”. Así de sencillo y así de complejo a la vez, pues, obviamente, cada
juez tiene distinta percepción al respecto. Valga como ejemplo reciente el de
dos casos, que están en boca de todos: el que afecta a Zapatero y el que afecta
a Begoña Gómez, muy parecidos por su trascendencia mediática y por la gravedad
de los cargos que se investigan; y que, mientras el juez Calama decide no
aplicar ninguna medida cautelar al ex presidente del Gobierno, el juez Peinado
decide aplicar la cautelar de retirar el pasaporte a la esposa del Presidente
del Gobierno. Ambos jueces, sin lugar a dudas, actúan dentro de la legalidad y,
por tanto, no procede, como se pretende, arremeter contra uno u otro porque no
satisfacen las conveniencias personales o grupales de algunos. Sin embargo, el
auto del juez Peinado, abriendo juicio a Begoña Gómez como hace Calama con
Zapatero, pero retirándole el pasaporte a la esposa del Presidente del
Gobierno, contra lo que hace Calama con el ex presidente, porque no aprecia que
haya riesgo de fuga, desata una tormenta política en las filas sanchistas, que
entienden que semejante cautelar es insólita e improcedente y más aún cuando
Peinado explica en su auto que a Begoña podría ayudarla su escolta a salir del
país, lo que, obviamente, indigna también a la Policía, mientas Moncloa
denuncia “la persecución, la obsesión y la desproporción” del magistrado y la
acusada anuncia que recurrirá la decisión. Ante casos así, lo que procede, si
no se está de acuerdo con las cautelares dictadas, es interponer un recurso
razonado para que la instancia judicial superior lo resuelva en el sentido que
sea. Por tanto, contra lo que entiende el sanchismo gobernante, ni Calama es bueno
y Peinado malo, ni viceversa; sencillamente ambos jueces tienen una percepción
distinta sobre las posibilidades de sus investigados de fugarse, de seguir
delinquiendo o de camuflar pruebas.
Esto es lo normal en cualquier
democracia, pero en España no. Mientras el juez ve riesgo de fuga en la esposa
del Presidente, Moncloa ve una oportunidad en las insinuaciones del instructor
Peinado y arremete contra él, quien en su auto, deja sin pasaporte a Begoña y
la obliga a comparecer dos veces al mes en el juzgado, cree que actuó como
“esposa de….” y la acusa de corrupción, tráfico de influencias, malversación y
apropiación indebida; considera que se aprovechó de su “proximidad” al
Presidente para impulsar su carrera “profesional” y justifica las cautelares en
la gravedad de las penas que afronta y en el riesgo de fuga, porque la
condición de presidente es “efímera” y facilitaría su “huida”, añadiendo que
incluso su escolta podría facilitársela, lo que algunos avalan por el
bochornoso precedente de Puigdemont, quien, ayudado por los mossos burló a toda
España desapareciendo en una multitudinaria concentración, y que, en todo caso,
ha irritado profundamente y con toda la razón a la Policía por esa desacertada
mención a los escoltas. Así las cosas, cuando hasta el PP ve “lógico” el enfado
de los policías con el juez y les muestra su respaldo ante la desacertada
mención sobre la posible fuga de Begoña, el ministro Marlaska se queja de la
actuación de Peinado y el CGPJ, bajo la presión del Gobierno, decide examinar
al juez y abre la vía para expedientarlo por sugerir que los escoltas podrían
ayudar a huir a Begoña, cuando lo normal, en todo caso, sería recurrir para que
instancias judiciales superiores corrigieran o no, todo o en parte, lo actuado
por el magistrado. Pero esto es el sanchismo puro y duro que se basa en el
choque institucional y en el control de las instituciones, con lo que Perelló,
la Presidenta del Poder Judicial, decide debatir en el CGPJ lo actuado por el
juez Peinado desempatando con su voto de calidad el empate entre sus miembros
moderados y progresistas a favor de éstos últimos y abriendo la vía a un
expediente disciplinario contra el juez por “falta grave de consideración“ a la
Policía contra Peinado, instructor del “caso Begoña”, quien, como en otros
casos, ya ha sido declarada inocente desde Moncloa por el sanchismo y sus
socios. Y mientras algunos juristas alertan del grave coste del expediente
contra el juez Peinado, Moncloa, asediada por la corrupción, recupera su
demagógica bandera del acoso y derribo contra Sánchez para cuestionar las
causas que se investigan en los tribunales. Son las señas de identidad del
populismo sanchista.
Y en pleno encontronazo político (otro
más) por las medidas cautelares impuestas a Begoña por el juez Peinado y
mientras el CGPJ abre el proceso para expedientar al juez gracias al desempate
de calidad de su presidenta María Isabel Perelló, que a la vez preside el
Tribunal Supremo, éste alto tribunal dicta sentencia firme sobre el “caso de
las mascarillas” y por unanimidad condena a Ábalos a 24 años de cárcel, 19 y
ocho meses para su asesor Koldo y 4´5 para Aldama, quien, por su colaboración
“muy cualificada” y “decisiva” con la Justicia consigue no entrar en la cárcel
y quedar exento de una multa de 3´7 millones. La Sala, por unanimidad, atribuye
al ex ministro y ex mano derecha de Sánchez delitos de organización criminal,
cohecho, malversación y tráfico de influencias….una condena al sanchismo en
toda regla, pues de los cuatro ocupantes del famoso Peugeot, dos de ellos,
Ábalos y Koldo, ya tienen condena firme con largos años de prisión, el tercero,
Santos Cerdán, está en puertas de que le suceda algo por el estilo, y el
cuarto, Pedro Sánchez…. ¿quién sabe? Insólito todo e inaceptable. Sánchez al
inicio del caso, junto a varios de sus ministros, desacreditó a Aldama y habló
de “bulos” basados en recortes de prensa sin pruebas….y Aldama contestó en tono
amenazante: “si Sánchez quiere pruebas, las va a tener”…..y, ya ven, las ha
habido. Ahora desde los aledaños de Moncloa cargan las tintas en que Aldama se
va de rositas por colaborar con la Justicia, cuando el mismísimo Bolaños en
2024 defendía las rebajas de penas e incluso los indultos a quienes colaboraron
para esclarecer casos de corrupción que afectaban al PP, como el caso Gürtel,
diciendo incluso que “quien colabora con la Justicia tiene el apoyo del
Gobierno de España”….en fin, ya ven, sanchismo puro, ¡qué le vamos a hacer! Por
su parte el Tribunal Supremo encumbra al Fiscal Anticorrupción y abre
importantes pistas para futuras causas contra el PSOE o contra cualquier otro
partido o dirigente político, cuando el horizonte judicial del sanchismo y su
gobierno es más que peliagudo, pues a la sentencia condenatoria del Fiscal
General y las recientes a Ábalos, Koldo y Aldama, se suman causas futuras como
la sentencia que se dicte en el caso del hermanísimo, el juicio a Begoña y la
investigación sobre Zapatero. Esperemos, al menos, que no todas sean condenatorias.
Pero aquí en España no pasa nada.
Sánchez sigue a lo suyo, sus socios le siguen apoyando para permanecer en el
Gobierno, sus aliados hacen lo propio para seguir aprovechando su debilidad y
sus compañeros socialistas militantes del partido callan por una malentendida
lealtad al jefe y sus ayudantes, mientras ellos van y llevan al partido de
derrota en derrota hasta la victoria final. Ni Sánchez dimite, ni cesa a nadie,
ni nadie asume responsabilidades políticas, lo que contrasta, por ejemplo, con
lo que está pasando en Reino Unido, donde el laborista Starmer, ganador por
mayoría absoluta en los comicios hace dos años, acaba de dimitir como primer
ministro por la presión de su propio partido en medio del descontento por el
declive del país desde el Brexit y su consecuente pérdida personal de popularidad…..
¿Se imaginan que en Reino Unido pueda pasar lo que está pasando aquí? Imposible,
no hay comparación; para empezar cabe recordar que, a diferencia de Starmer, Sánchez
todavía no ha podido obtener una victoria en unos comicios. En fin, sin más
comentarios.
Entretanto, Sánchez deja en manos de
Zapatero la entrega de las joyas al Estado;
la Fiscalía Europea ve nuevos delitos en el amigo de Begoña, pues presuntamente
el empresario recomendado por la esposa del Presidente incumplía los
requisitos; Peramato, la Fiscal General, no aclara en el Senado la relación de
la Fiscalía con las “cloacas” y evita detallar las reuniones de Leire con altos
cargos; la trama de Leire presumía de manejar al PSOE en el Congreso para
atacar a fiscales incómodos y a la UCO, los socialistas cambiaron de portavoz y
el nuevo cargó con fuerza contra el Fiscal Anticorrupción Grinda….. ¿tomarán “Julito”,
el amigo de ZP, o la “fontanera” Leire el ejemplo de Aldama y colaborarán con
la Justicia o seguirán la estrategia de Ábalos y Koldo?. Misterios sin
resolver.
Ante todo ello Moncloa se atrinchera
en la tesis del “golpismo judicial” para derribar al Gobierno, lo que no se
compadece con una sentencia unánime en el Supremo, mientras el Gobierno se tapa
la nariz y Sánchez no dimite ni se somete a una moción de confianza, convencido
de que sus socios no le dejarán caer y seguirán todos apalancados con la tesis
de que la alternativa PP-Vox es mucho peor, cuando lo que hay y está pasando es
pésimo e intolerable. Allá cada quien con sus paranoias. Por su parte el PP
descarta la moción de censura, salvo que previamente se pacte una mayoría
parlamentaria que la haga exitosa. No obstante Ester Muñoz, portavoz del PP,
manifiesta que “hace mucho que pactar con Vox no penaliza” y “la derecha es hoy
la gran esperanza nacional”, y añade “más allá de la Constitución y la ley no
he hablado absolutamente de nada con Junts”, “la cloaca es gravísimo, un ataque
desde el Gobierno al Estado y la dirigía el dos de Sánchez” y “el PNV está
entre la espada y la pared; lo que dice no se corresponde con lo que hace”…..¿Llevará
razón Ester? No lo sé. Lo cierto es que la izquierda democrática tiene que
cambiar profundamente si quiere evitar la expansión imparable de la derecha
extrema tanto en Europa como en América, donde, por ejemplo, en Colombia el
ultraderechista De la Espriella gana por pocos votos las presidenciales en la
segunda vuelta a Cepeda, el candidato izquierdista, tras unas elecciones en que
las FARC y el ELN forzaban y presionaban para votar por éste…..y es que, al
final, el voto del miedo ya no funciona, como tampoco a la larga funciona el
voto de la demagogia y la incoherencia. Menos aún el de “y tú más” en asuntos
de corrupción. No estaría nada mal que en España fuésemos tomando nota de una vez
por todas, pues así, como estamos, no podemos seguir.
Jorge
Cremades Sena
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