Seguramente los casos
judiciales que investigan la presunta corrupción de la esposa del Presidente
Sánchez y la del anterior Presidente del Gobierno, Zapatero, son los que a
nivel personal y a nivel político tienen una relevancia especial por razones
obvias, superando incluso a los que atañen a David Sánchez por un lado y a
Ábalos-Koldo-Santos Cerdán etc etc.. por otro lado. Y en todos ellos (incluidos
casos anteriores como, entre otros, el de los EREs de Andalucía, el más sonado)
se repite el mismo patrón de conducta por parte del Ejecutivo: inicialmente declaración
pública de inocencia de los investigados más o menos solemne, luego
desprestigio público del juez instructor a medida que avanza la investigación y
finalmente rechazo de la sentencia si es condenatoria, como suele suceder casi
siempre. Un patrón de conducta gubernamental que se permite, no ya criticar la
actuación de los jueces, sino arremeter contra ellos e incluso dictar
previamente su particular sentencia absolutoria arremetiendo contra la dictada
por los tribunales, en vez de demandar a los jueces, si es que consideran que
han cometido algún delito durante el procedimiento, lo que permite suponer que
el Gobierno no trata de esclarecer los hechos investigados sino desprestigiar
la Justicia acusándola, cuando conviene, de ser arbitraria y estar politizada
sabiendo que ello no es posible en un sistema judicial tan garantista como el
nuestro. Es más, si todo lo anterior no les da el resultado perseguido, el
Ejecutivo se permite el lujo de aplicar arbitrariamente indultos o amnistías,
con tal de favorecer a los condenados, al margen de que se den o no todos los
requisitos para aplicar dichas medidas de gracia, dictadas para casos muy
puntuales y muy justificados pero no para erigirse en jueces de última
instancia haciendo inviables en la práctica el cumplimiento de las sentencias
condenatorias firmes al desautorizar incluso al Tribunal Supremo, como sucede,
por ejemplo, en casos como el patético “procés”, los presos etarras, condenados
por los EREs y tantos otros en que los condenados, habiendo cometido delitos
muy graves, son exonerados de culpa alguna mientras se ríen en libertad
exhibiendo su impunidad regalada por el Ejecutivo, para mayor escarnio del
resto de ciudadanos que no tienen el privilegio de codearse con las altas
esferas del poder. No en vano Zapatero, muñidor de todos los enredos, intentó
en su momento apaciguar hasta el último instante al equipo del prófugo
Puigdemont en Suiza, que le presionaba con que “esto el PP lo resolvería” y, en
plena ruptura Junts-PSOE, permitía que se le preguntara “¿mandáis o no en el
TC?”, cuando la respuesta democrática debiera haber sido, cueste lo que cueste,
que el TC, como el TS y el resto de tribunales no obedecen a ningún mandatario
y simplemente aplican justicia. En fin, menos mal que todavía nos queda la
Justicia, que, al menos, aguanta el envite del Ejecutivo y le genera problemas
para imponer “ipso facto” sus totalitarias decisiones… Y de lo que decida el
TC, dependerá el futuro del prófugo, mientras todo apunta a que el Alto
Tribunal convertido en suprema instancia, aunque no lo es, favorecerá el regreso
de Puigdemont a España, pues su Presidente Conde-Pumpido, “el de las togas” manchadas
“con el polvo del camino”, acusa al Tribunal Supremo de haber interpretado la
ley de forma “artificiosa”, lo que Junts celebra aunque descarta reconciliarse
con el Gobierno.
Así las cosas, el juez Peinado abre
juicio con jurado a Begoña tras una polémica investigación como instructor,
atacado y desacreditado por el Gobierno, y, pocos días antes de jubilarse, le
atribuye malversación y tráfico de influencias….y, ¡cómo no!, el Gobierno
achaca a una “persecución política” la decisión del instructor; en fin, si
hubiera propuesto archivar la causa se hubiera convertido en el mejor juez de
España sin lugar a dudas. Pero, como no ha sido así, Moncloa, en vez de acatar
la resolución, se apresura a pedir al jurado del caso Begoña que corrija a los
jueces, reitera descaradamente la inocencia de, según Patxi López, la “presidenta
del Gobierno”, apela a que sea “ecuánime e imparta justicia” y “condena” la
instrucción “injusta y arbitraria” del juez Peinado por acusarla de
aprovecharse de su condición de mujer del Presidente… Y, por si acaso, el Gobierno
desacredita al jurado de Begoña antes de que sea elegido, presumiendo que
tendrá “prejuicios”, mientras Peinado, junto a otros cinco jueces, aprecia que “ofreció
favores o influencias para proyectar su carrera profesional” y ya sólo queda
fijar la fecha del juicio, precisamente para esclarecer si lo actuado por
Begoña es delictivo o no, pues, en principio, no cuadra muy bien que la esposa
del Presidente se dedique, entre otras cosas, a dar cartas de recomendación a
empresarios que luego concurren a adjudicaciones públicas… Así pues serán nueve
ciudadanos quienes formen el Tribunal y decidan si Begoña es culpable o
inocente, pero ya ven, el Gobierno se ha anticipado y ya lo ha decidido: “Begoña
es inocente”… y en caso contrario es que no hay Justicia en España. En todo
caso, siempre le quedará el indulto o la amnistía, y, en última instancia, el
Tribunal Constitucional para que algunos, si son condenados, se libren de las
penas dictadas por la Justicia.
Y en el caso Zapatero el juez Calama
(otro que como no dé la razón al ex presidente será tachado de sectario, facha
o cualquier otra cosa) da tres días a Zapatero para que le informe sobre las
joyas y pide otro peritaje sobre el valor del tesoro escondido en una caja fuerte del despacho de ZP, tras cien días
callado, cuando había prometido en su comparecencia que en pocos días aportaría
la documentación sobre el origen de las citadas joyas, mientras sus hijas
declaran como imputadas en el caso.
Y entretanto se conoce que la cúpula
del PSOE sanchista avaló contratar a los abogados de las “cloacas”, pues la Comisión
Ejecutiva Federal votó y refrendó contar con Teijelo, Oliver y Zarrías con la oposición
del responsable legal de los socialistas, siendo Cerdán el impulsor de la
operación cuando era Secretario de Organización del partido…. Y Leire Díez en
el epicentro de la corrupción en el sanchismo; queda tanta tela por cortar que
me temo que ni las medidas de gracia del gobierno cortarán la hemorragia
electoral de la corrupción en las filas del sanchismo, que vino, según dijo
Sánchez, para erradicar, precisamente, la corrupción en España junto a Podemos.
Y ya ven el resultado.
Jorge Cremades Sena
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario, gracias