Quienes ya tenemos una cierta edad y llevamos un tiempo peinando canas, no podemos olvidar el histórico lema del PSOE, “POR EL CAMBIO” en la campaña electoral de 1982 con aquel histórico cartel de un joven Felipe González y su mirada ensoñadora presagiando un futuro esperanzador para España, que entonces se debatía entre consolidar la incipiente y débil democracia o sucumbir al yugo totalitario que nos amenazaba con el frustrado golpe de Estado de Tejero, asaltando el Congreso de los Diputados, en 1981… En efecto, “POR EL CAMBIO” fue el lema que atrajo a la inmensa mayoría del pueblo español dando en las urnas al PSOE de entonces una mayoría absoluta inigualable de 202 diputados, 134 senadores y casi el 50% de todos los sufragios válidos emitidos. Algunos, como yo, que militábamos en aquel esperanzador PSOE progresista y socialdemócrata y desempeñábamos cargos orgánicos del partido, tuvimos el honor inmenso de formar parte de aquellas Cortes Generales que eran la garantía democrática para un pueblo, el español, que se afanaba en ser ciudadano y no súbdito, libre y no siervo, futuro y no pasado…. Hoy las cosas han cambiado mucho y aquel lema socialista “POR EL CAMBIO” lo abandera el PP, es decir, la derecha que, alternándose con los socialistas, ha gobernado España durante todos estos años de democracia diseñada en nuestra Constitución de 1978, hoy amenazada por fuerzas radicales de extrema izquierda o derecha, por nacionalismos totalitarios y por altas dosis de corrupción política y económica.... ¡Qué ha pasado para llegar a esto! Pues ha pasado sencillamente que nuestros gobernantes elegidos democráticamente no han estado a la altura de las circunstancias y han preferido poner sus particulares intereses políticos, económicos e ideológicos por encima de los intereses generales de los ciudadanos mediante un populismo barato y peligroso que hay que zanjar radicalmente en las urnas lo antes posible. Cierto que todavía no estamos, como en 1982, en la disyuntiva de elegir democracia o dictadura, al menos de momento, pero sí que estamos ante el dilema de exigir entre democracia limpia y robusta o sucia y debilitada, es decir, de primera o de segunda, y ello depende de si en ella caben o no actitudes y comportamientos gubernamentales no ya sólo ilegales, que han de depurarse en los juzgados previa dimisión de sus protagonistas, sino también indecorosos e indeseables que han de zanjase “ipso facto” en los partidos políticos por mera responsabilidad política, pues los gobernantes democráticos no sólo han de ser honrados sino también parecerlo… y a quien no le convenza, sencillamente, que se dedique a otra cosa.
En definitiva, hoy Feijóo, bajo la bandera
del lema “POR EL CAMBIO NECESARIO” manifiesta: “vengo a servir a todos los
españoles: no miento ni robo” y define un plan de reconstrucción para una
“España herida, no rendida, y que volverá a funcionar”, ”si creyera que
gobernar consiste en anteponer el ego al interés general, no me dedicaría a
esto”, añade “el mantenimiento deficiente de las infraestructuras pone en
riesgo la seguridad”, “Sánchez ve en los españoles un pueblo al que engañar;
yo, como un pueblo al que servir” y promete “mantendremos el poder adquisitivo
de las pensiones”, que “de fuera de la UE, mi primera visita será a Marruecos”
y que “hay que sacar del congelador la ley anti-okupación”. En fin, toda
una declaración de intenciones sobre
asuntos candentes que hoy ensombrecen el panorama. Por su parte Sánchez, tras haber
fracasado su estrategia de focalizar la campaña en el problema de la vivienda y
los desahucios a vulnerables, por la manifiesta demagogia cínica de su
portavoz, que tuvo que ser finalmente
cesada; tras la tragedia de Urda y la dimisión finalmente de Puente; tras la
pésima gestión del asalto a Ceuta; y tras la espada de Damocles de la corrupción
que pesa en sus filas, sostiene en su mitin electoral en Valencia para
ilusionar a sus desencantados votantes que “si se pudo en Brasil y EEUU, en
España también” se puede ganar y, como apenas ya le queda nada positivo que
utilizar ante el evidente “cambio necesario” que necesita nuestro país, exprime
la tardía dimisión de Puente como baza electoral con el lema “no todos somos
iguales” y defiende la dimisión de Puente por “dignidad” cuando él mismo la
desaconsejaba…. En efecto, no todos somos iguales, pero hay unos más iguales
que otros.
Y, así las cosas, Sánchez pide
explicaciones al PP por una supuesta oferta de dinero a Koldo para que declarase
contra él y su entorno, mientras el juez pone cerco a las primarias internas del
hoy Presidente de Gobierno para conseguir la
Secretaría General del Partido por presunto “pitufeo” con las donaciones
en 2017 a Bancal de Rosas, asociación sin ánimo de lucro constituida en febrero
de dicho año con el objetivo de recaudar fondos para sufragar la precampaña de
Pedro Sánchez en las citadas primarias; mientras la UCO detiene a Cristian Corvillo, presunto ex chofer y colaborador de
Sánchez en aquellas primarias, en la misma operación que a la pareja de Ábalos
y otros empresarios por presuntos amaños; mientras la UCO indaga más contratos
de Adif y rastrea el blanqueo de la red y tráfico de influencias, con dos ex presidentes
del ente público, Pardo de Vera y Contreras, bajo el foco en plena crisis; y
mientras se está a la espera de la evolución de otros investigados, demasiados,
entre los que destacan Begoña Gómez, Zapatero y sus joyas, Santos Cerdán, etc
etc, además de los ya condenados Ábalos, Koldo y David Sánchez. Me temo que
Sánchez y sus sumisos sanchistas se equivocan pretendiendo confrontar su actual
exagerada corrupción con la actual del PP, que ya pagó bien caro por ello, y que van a necesitar algo más que la exigencia de
explicaciones al PP por el presunto soborno a Koldo, porque, puestos a aplicar
la balanza, ésta, hoy por hoy, apunta a un claro desequilibrio en contra del
sanchismo.
Y me
temo también que va a ser insuficiente que el PSOE de Sánchez se aferre a la dimisión de Puente
y al posterior cese del Presidente de Adif por parte del todopoderoso Carlos Cuerpo
para reflotar una campaña electoral que viene viciada y contaminada por los demasiados
comportamientos de sus dirigentes que encajan muy poco con esa deseable sólida democracia
que todos ansiamos y que consolidamos tras el épico triunfo de aquel deseado “cambio”
propuesto por aquel PSOE socialdemócrata que casi nada tiene que ver con este
PSOE populista y radical…. El 29-N los españoles despejarán las dudas al
respecto.
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