miércoles, 21 de septiembre de 2016

DIÁLOGO Y SENTIDO DEL DEBER



                        Tanto la capacidad de diálogo como la del sentido del deber debieran ser cualidades indispensables en cualquier político o dirigente democrático, por lo que, ante lo que viene sucediendo en España, es lógico que el Rey Felipe VI, nuestro Jefe de Estado porque así lo hemos decidido los españoles democráticamente, urja al “diálogo” y al “sentido del deber” justo cuarenta días antes de que expire el plazo de investidura y, aunque todos dicen que no quieren terceras elecciones, los españoles nos veamos abocados a una nueva convocatoria electoral indeseada e indeseable simplemente porque a nuestros representantes en el Parlamento no le vengan bien lo que por dos veces hemos decidido ya en las urnas. Y lo dice el Rey Felipe ante el foro más importante del mundo, cual es la cumbre de la ONU, añadiendo además que “las diferencias se resuelven con voluntad de acuerdo dentro del respeto a las reglas”, imprescindible requisito en cualquier sistema democrático, reconociendo que España atraviesa una coyuntura compleja pero que la superará. Un discurso real impecable, respetando en todo momento su exigida neutralidad e imparcialidad, del que debieran tomar nota nuestros políticos que, obviamente sin ser nombrados, se sienten más o menos aludidos, unos más que otros, ya que la opinión pública española es consciente más o menos de quienes intentan hacer gala de las cualidades citadas y quienes se empeñan de forma torticera en comportarse de forma contraria. Y obviamente sin diálogo, sin sentido del deber, sin voluntad de acuerdo y sin respeto a las reglas de juego, estamos abocados a un futuro incierto y desastroso, a una crisis política perniciosa no sólo ya para nuestra economía, como alerta De Guindos entre otros, sino también para nuestra convivencia en paz y libertad. Menos mal que, al menos, si no ya para la gobernabilidad del Estado, tanto Gobierno como PP y PSOE, al parecer, negocian medidas económicas urgentes (intentan acordar una reducción del ajuste de las CCAA, desbloquear la CNMV y endurecer el impuesto de sociedades), algo es algo, pero los socialistas, que piden que en el pacto se incluya a Ciudadanos y a Podemos, prefieren no hablar de negociación, sino de contactos, cuando, en caso de ser cierta, debieran no sólo de reconocerla como algo positivo sino también de proclamarla a los cuatro vientos, pues la negociación política es consustancial con la democracia siempre que sea en beneficio de la ciudadanía y ajustada a la legalidad establecida. En España se tiene la sensación de todo lo contrario, para mayor desgracia del pueblo español.
            Entretanto, mientras el PSOE pide el escaño a Rita Barberá aunque mantiene y nada dice sobre el del etarra Goioaga en el Senado, Iglesias y Errejón llevan a las redes sociales su guerra ideológica, acusándose ambos de haber provocado el retroceso de Podemos el 26-J cuando ya estaban convencidos de conquistar el cielo por asalto. En realidad se trata de una feroz lucha por el poder y el control de Podemos, aunque ya sabemos que esas cosas sólo ocurren en los partidos de la casta y que en los populistas-comunistas no son indecentes luchas por el poder sino altruistas luchas ideológicas que forman parte de la democracia suprema que sólo ellos representan y, de momento, no tienen reparo alguno en hacerla pública, evidenciando ambos líderes sus desacuerdos a través de Twitter; mientras Iglesias rebate a Errejón, su número dos y amigo desde hace años, asegurando que “tienen que dar miedo” para no ser un partido más del sistema (recuerdan la propuesta inicial podemita, entonces indiscutida e indiscutible en el movimiento, de que “el miedo tenía que cambiar de bando”), éste prefiere suavizar su estrategia asegurando que es mejor intentar atraerse a la gente por convencimiento, como hace el resto de partidos. En definitiva, se trata de las clásicas guerras habidas en los viejos partidos comunistas, plagados de encarnizadas luchas por el poder entre sus dirigentes y, una vez en el poder, preñados de feroces purgas con el único objetivo de imponer el pensamiento único y el culto a la personalidad del jefe supremo. Basta echar un vistazo histórico a los regímenes comunistas que son y en el mundo han sido para constatar en todos ellos idéntico proceso.
            En cuanto a otros asuntos cabe destacar que Blesa devuelve sus 437.000 euros de las tarjetas black para intentar reducir su condena (algo es algo, al menos, al margen de las penas que le caigan por sus manifiestas fechorías); que una sobrina de Ángel María Villar ha sido asesinada en Méjico, donde trabajaba, tras un secuestro exprés (tipo de delitos muy frecuente en el país que en su mayoría son resueltos con el pago del rescate, pero que en este caso ha fallado a pesar de haber pagado una parte del mismo); y que partidos políticos y sindicatos piden una reforma laboral tras la sentencia europea en el sentido de indemnizar por igual a trabajadores temporales-interinos que fijos, mientras la patronal rechaza que los temporales tengan idéntica indemnización y ya se calcula que indemnizar un año a los interinos costaría más de 350 millones de euros (sentencia europea que viene a resolver la discriminación indemnizatoria por razones de despido y que debiera entrar en vigor lo antes posible), algunos ya se preguntan si la igualación de las indemnizaciones se cuadrarán por arriba o por abajo.
            Y en el exterior, mientras el Comisario económico Moscovici dice que “si España cumple, dispondrá de los fondos” y que, en todo caso, espera que presente “un borrador de Presupuestos, al menos prorrogados”, Obama, en su despedida internacional, advierte contra Trump en la cumbre de la ONU, en tanto que la reanudación de la guerra en Siria bloquea la ayuda humanitaria y el país vuelve a ser un infierno (si es que alguna vez dejó de serlo), por lo que la ONU se ve obligada a suspender el envío de ayuda tras el bombardeo a un convoy con alimentos en Alepo y Ban Ki-moon dice contra Asad y sus aliados: “tenéis sangre en las manos”. Ya ven, el diálogo, el sentido del deber, la voluntad de acuerdo y el respeto a las reglas de juego (incluso a las establecidas para la guerra), no sólo brillan por su ausencia en España.
Jorge Cremades Sena