martes, 29 de abril de 2014

QUÉ HACER CON LOS JARRONES CHINOS

                        Allá por 2010 y en plena campaña electoral, en un artículo titulado “De jarrón chino a jarrillo de lata” (publicado en Diario Información el 17-6-2010, que transcribo a continuación del presente post), manifestaba mi opinión sobre el papel de los ex presidentes del Gobierno, comparados por Felipe González con los jarrones chinos que por su enorme valía nadie utiliza y no sabe dónde ponerlos. Algo así debe suceder ahora, al menos en el PP con Aznar (el PSOE con Zapatero lo tiene más claro) al que han relegado de la campaña electoral. El ex presidente popular ha dicho que le “hubiera encantado hacer un mitin con Cañete” al que califica como su “amigo”. Por su parte Esperanza Aguirre le ofrece un mitin en Madrid, mientras Botella, esposa de Aznar, se postula como candidata a la alcaldía de Madrid, ciudad de la que siendo ya alcaldesa, dice que “tiene un proyecto”, me imagino que para el futuro. Un verdadero conflicto interno entre los populares que no es el primero ni será el último. Algo que con frecuencia suele suceder en los partidos políticos entre quienes, tras mandar en ellos, dejaron casi a dedo a sus sustitutos, y quienes ahora han consolidado su poder en los mismos. En todo caso, una manifiesta irresponsabilidad inaceptable para los ciudadanos. Rajoy, por su parte, se limita a sustituir en el Ministerio de Agricultura a Cañete por su número dos en el mismo, Isabel García Tejerina, dejando con el culo al aire a quienes vaticinaban una remodelación profunda en el gabinete. En fin, ya veremos que repercusión tiene todo esto tras las elecciones europeas. Seguro que dependerá del resultado.
            Entretanto, en el recurrente capítulo de corrupciones y tribunales, mientras la Audiencia avala la liberación de otros 13 narcotraficantes bajo la nueva justicia universal (cuestionando así las operaciones en aguas internacionales), un juez imputa a 9 policías vinculados a la mafia china, acusándoles de recibir sobornos para acelerar la entrada en España de ciudadanos chinos de forma irregular. Y mientras son detenidos 21 tuiteros por hacer apología de ETA en las redes sociales y enaltecer el terrorismo, el ministro del Interior es increpado y zarandeado por una señora (otra señora dio una bofetada a Navarro, líder del PSC) cuando paseaba con su señora por la Rambla. “Eres un fascista”, fue el piropo de tan democrática señora. Finalmente, se publica que UGT subcontrataba con una empresa de la Junta de Andalucía cursos de formación que se están investigando, ya que el dinero de la Junta al sindicato volvía a un ente de dicha administración en tanto que la fundación pública no justificó dos subvenciones por valor de 48´9 millones de euros. Es el lamentable espectáculo global que estamos dando. Menos mal que, al menos, Bankia, otrora arruinada por una serie de gestores corruptos o, al menos, irresponsables e ineficaces, vuelve a competir de nuevo con los grandes tras mejorar sus beneficios. Ha ganado 250 millones de euros hasta marzo, un 17´4% más. Esperemos que todos los españoles puedan recuperar el montón de millones que tuvimos que apechugar para su rescate.
            Y fuera de nuestras fronteras, mientras Egipto impone 683 penas de muerte, EEUU castiga a 17 empresas próximas al gobierno ruso, en tanto que la violencia en Ucrania se extiende a los políticos, al extremo de que el tiroteo a un alcalde agrava la tensión. Por su parte el Gobierno de Escocia corteja a las instituciones europeas ante lo que se le avecina. Tampoco están las cosas en otros lugares como para tirar cohetes.  

                                               Jorge Cremades Sena


DE JARRÓN CHINO A JARRILLO DE LATA
                   Andan últimamente los asuntos tan revueltos en España que los españoles estamos perdiendo la capacidad de sorprendernos. Las actuales cúpulas de los partidos políticos, que tan dignamente defienden nuestros intereses, no reparan, ni en sus discursos ni en sus actuaciones, en colaborar a tamaño despropósito, al extremo de que el PP se nos presenta ahora como el partido de los trabajadores y el PSOE como el que más daño les hace, o de que el PSC de Montilla se erija en el mayor defensor del catalanismo y CiU en el garante de la españolidad, convirtiéndose su líder Durán y Lleida –el otro, el señor Mas, queda para Cataluña- en el más valorado por todos los españoles en la última encuesta. En tales circunstancias es curiosa la aparición en la escena política de los ex-presidentes González y Aznar, quienes, tras años de silencio o de esporádicas intervenciones para dar un tirón de orejas a los actuales líderes de sus respectivos partidos, se muestran ahora decididos a ponerse de nuevo el traje de faena para apoyarles ante la opinión pública con sus sabios consejos públicos, producto de su valiosa experiencia como gobernantes. Ambos, durante su gestión, brillaron al inicio de sus respectivos mandatos e ilusionaron como nunca a millones de españoles; ambos se apagaron al final generando desilusión a causa, respectivamente, de la corrupción y el belicismo entre otros fracasos. No obstante, a pesar de sus luces y sombras, ambos siempre fueron un claro referente ideológico sin que ello les impidiese practicar el necesario pragmatismo que la gobernabilidad de un país requiere; seguramente es el disloque del gobierno de ZP lo que les hace salir de sus dorados retiros, González para evidenciar que el pragmatismo no es incompatible con la ideología –él por cuestiones pragmáticas tuvo que renunciar a muchos viejos principios antes de que se los impusieran-, Aznar para evidenciar que lo que resuelve una crisis económica es una eficaz gestión y no una ideología –él resolvió la que le dejó González sin necesidad de convertir al PP en el partido de los trabajadores a pesar de no aplicar tan drásticas medidas como las que ZP está obligado a imponer ahora-.
          El problema es que si los ex-presidentes, comparados por Felipe González con los “jarrones chinos” -que por su cuantiosa valía nadie utiliza y no sabe donde ponerlos-, tienen la tentación de parecerse a los “jarrillos de lata” -que por su utilidad, a pesar de su escaso valor, popularizaron antaño la frase “vales más que un jarrillo de lata” entre las clases más humildes- acaba siendo un elemento más de confusión en el desalentador panorama dibujado por la crisis económica. Los jarrones chinos, salvo para los muy entendidos en la materia, poco se diferencian unos de otros; instalados todos ellos en las protegidas vitrinas de las lujosas mansiones, que conforman las zonas más selectas y caras de las ciudades, quedan tan lejos de la mayoría de los mortales que sólo los que por razones de trabajo como sirvientes han de quitarles el polvo de vez en cuando pueden acercarse a ellos. Los jarrillos de lata, salvo en sus diferentes formas, eran todos iguales; colgados en cualquier lugar de la cocina y abollados por el uso, quedaban tan cerca de la mayoría de los mortales, especialmente de los más humildes, que sólo esperaban ser utilizados una y otra vez hasta convertirse en imprescindibles para ellos. Utilizar los jarrones como jarrillos es correr el riesgo de romperlos en mil pedazos, mientras que los jarrillos saben muy bien que pocas cosas pueden compartir con los jarrones, independientemente del color que éstos tengan, salvo la aspiración de cubrirse de una pátina de porcelana para parecerse a ellos; algunos hasta lo consiguen.
          Precisamente en épocas de profunda crisis social, política y económica como la que estamos sufriendo es cuando menos conviene mezclar los antiguos jarrones chinos con los viejos jarrillos de lata. Éstos apenas pueden sufrir más abolladuras por los golpes de la crisis mientras que aquellos apenas sufren pequeños rasguños, siempre reparables, ya que golpes semejantes los harían añicos. Sólo faltaría, para colmo de la desfachatez, que los jarrones chinos, disfrazados de jarrillos de lata, abandonaran a hurtadillas sus lujosas vitrinas para confundirse con éstos y convencerles de la conveniencia de seguir soportando los golpes por el bien futuro común. Más coherente, y desde luego más clarificador, sería que cada cual permaneciera en el lugar que le corresponde ya que pasar de jarrón chino a jarrillo de lata es simplemente imposible.
          Aunque las ocurrencias de los más claros candidatos a jarrones chinos nos sorprendan diariamente al extremo de que por hartazgo perdamos la capacidad de sorprendernos, tanto Zapatero como Rajoy, tienen todo el derecho a recorrer por sí mismos el camino necesario para conseguir sus metas sin las interferencias públicas de González y Aznar, salvo que éstos sean capaces de aproximarles a sus luces y alejarles de sus sombras. ¿Es lo que pretenden? Yo creo que no.
(publicado en Información el 17 de junio de 2010)