sábado, 19 de julio de 2014

MERKEL CONTRA LA INSENSATEZ

                        Como si de algo extraordinario se tratara se destaca la noticia de que Angela Merkel está contra el proceso independentista de Artur Mas, manifestando su apoyo al Gobierno de Rajoy al opinar, como no puede ser de otra forma, “como el Gobierno español” y declararse a favor de “la integridad territorial de todos los Estados”. Mal asunto cuando hay que hacer alarde de lo obvio. Merkel, como el resto de gobernantes democráticos de izquierdas o derechas, del norte o del sur, del este o el oeste, terrestres o extraterrestres, no puede estar de acuerdo con procesos no ajustados a la estricta legalidad democrática que además ponen en grave riesgo la futura integridad territorial de todos y cada uno de los Estados legalmente constituidos y reconocidos por la comunidad internacional, generando un peligroso precedente contra la paz y la seguridad universal. No se trata pues de cerrar filas caprichosamente con Rajoy para destrozar las pretensiones de Artur Mas, ni se trata de un no rotundo y específico a la independencia de Cataluña por mero capricho. Se trata de cerrar filas con el sentido común para destrozar el sinsentido de quienes al margen de la ley pretenden poner patas arriba la protección territorial de los distintos estados constituidos a través de largos y complejos procesos históricos, evitando un caprichoso e interesado objetivo atomizador, egoísta e insolidario, que supondría un atentado a la estabilidad política mundial. Entretanto, la vicepresidenta Santamaría ofrece un “espíritu abierto” en la reunión de Rajoy y Mas. Abierto a qué. Esa es la cuestión. Ya es hora de, como Merkel, llamar a las cosas por su nombre, al pan, pan, y al vino, vino, evitando rodeos y eufemismos que a nada conducen. Mas y los suyos tienen todo el derecho a declararse independentistas, y a ofertar a los españoles su proyecto, pero carecen de legitimidad para forzarlo, sí o sí, mediante atajos ilegales, perturbando no sólo la paz en Cataluña, sino también en el resto de España, en Europa y en el resto del Mundo. Esa es la cuestión y punto. Y así lo entiende cualquier demócrata que se precie. Por tanto, espíritu abierto para hacer entender de todas las formas pacíficas y razonadas posibles que el espíritu cerrado de los independentistas debe, sí o sí, abrirse a la legalidad nacional e internacional, en vez de seguir anclado en el totalitarismo ilegal y por tanto violento, renunciando a cualquier proceso con estas característica si no quieren que recaiga sobre sus espaldas el peso de la ley, antes de que su pueblo, en este caso el catalán y por tanto el español, quede abocado a los riesgos de un futuro incierto.
            Por otra parte, el presidente del Bundesbank, Weidmann, advierte en Madrid del riesgo del dinero barato, de los bajos tipos de interés, instando a que se vigile escrupulosamente el déficit, pues los países suelen aprovechar estas circunstancias para volver a gastar y gastar olvidándose de la consolidación fiscal. Y luego, pasa lo que pasa. Pasa que si no se actúa con responsabilidad, al final pagan justos por pecadores, pues no debiera aumentar el precio del dinero, perjudicando a gentes que lo requieren para financiar sus proyectos o necesidades de cualquier tipo, para ahuyentar a los despilfarradores irresponsables. Como no debieran pagar los trabajadores honrados la irresponsable actitud de otros que abusan del absentismo laboral al extremo de que el Gobierno ha decidido dar más poder a las mutuas para controlar las altas médicas, permitiéndoles controlar desde el primer día la incapacidad laboral. Como no debieran soportar las empresas y los sindicatos la justificada sospecha ciudadana de su actuación irresponsable, si algunas, como Publicar, una de las empresas proveedoras de UGT, no actuara con tamaña irresponsabilidad, prácticamente delictiva, al enviar correos al sindicato preguntando: “¿Queréis una factura por su importe real, o por otro?”. Una especie de facturas a la carta para, entre unos y otros, robarnos y perjudicarnos a todos, gracias a la conducta irresponsable tanto del sindicato como de la empresa.
            Y mientras Portugal prepara un plan audaz para fomentar la natalidad, que ojalá tenga éxito y podamos importarlo a España lo antes posible para asegurarnos el futuro, Israel y Ucrania acaparan el interés mediático internacional. La paz o al menos la tregua en el conflicto palestino-israelí parece cada vez más lejana, pues Hamás rechaza el plan de alto el fuego propuesto por Egipto poniendo más énfasis en el enfrentamiento existente entre ambos que en intentar suavizar las relaciones bélicas con Israel que, en todo caso, con su ofensiva terrestre en Gaza apela a su derecho a la defensa para proseguir con la destrucción de las infraestructuras bélicas de Hamás en la frontera, provocando daños colaterales en los bienes y en las vidas de muchos palestinos civiles inocentes. Algo parecido en lo referente a suavizar el conflicto sucede en Ucrania con el trágico e inhumano derribo del avión malasio, pues, confirmado el atentado, mientras Obama y Occidente responsabilizan a Putin (“Los separatistas no pueden abatir aeronaves sin un equipo que viene de Moscú. Putin controla la situación” afirma la Casa Blanca), en medio de un clamor mundial contra el ataque y la petición de EEUU de mayores sanciones económicas a Rusia, por asesorar y no controlar a los rebeldes prorrusos, desde donde, según la embajadora norteamericana en la ONU procede el lanzamiento del dichoso misil, desde Rusia se culpabiliza por acción u omisión al gobierno de Kiev. En fin, son las consecuencias de resucitar, asesorar y equipar con armamentos a los viejos fantasmas del pasado, cuyas acciones son controlables al inicio pero imprevisibles e incontrolables a medida que van consolidando sus macabros y violentos objetivos. De no ser así, de lo que estaríamos hablando sería de algo mucho peor aún. Algunos países, como España, piden que se haga una investigación independiente de los hechos para que cada uno asuma sus responsabilidades en tan cruel iniciativa.


                                                Jorge Cremades Sena