miércoles, 7 de mayo de 2014

ENCUESTAS COCINADAS

                        Según la última encuesta del CIS el PP amplía a 5´7 puntos la ventaja sobre el PSOE si las elecciones generales se celebraran hoy. Las ganaría con un 31´9% de los votos, frente al 26´2% de los socialistas, en tanto que IU y UPyD se estancarían en las subidas que le otorgaba el anterior sondeo. Lo llamativo es que, tanto PP como PSOE, retroceden en intención de voto en el último trimestre, pero mientras los populares pierden dos décimas, los socialistas pierden cuatro, lo que explica el incremento de su ventaja. La acelerada caída del PP desde que ganara las elecciones y el estancamiento del PSOE, desde que las perdiera estrepitosamente, iban hasta ahora aminorando cada vez más la distancia entre ambos, pero parece, según la encuesta última, que dicha evolución llega a su fin y que ahora vuelve a incrementarse la ventaja, no porque ninguno de los dos incremente sus apoyos, sino porque, perdiendo ambos porcentaje de apoyo electoral, el PSOE en la oposición pierde algo más que el PP en el Gobierno. Circunstancia paradójica ya que suele suceder siempre justo lo contrario. No vale refugiarse por tanto, como acaba de hacer Soraya Rodríguez, en que la “cocina del CIS” ha funcionado a la perfección y a la medida ha adobado pertinentemente el resultado o la proyección electoral de la encuesta. Una vez más la encuesta, al margen de datos concretos y exactos, demuestra que el PSOE desde la oposición es incapaz de remontar a un PP en el Gobierno a pesar de las duras medidas que ha tomado en los dos primeros años de legislatura. Una vez más, el PSOE debiera hacer una seria autocrítica de lo que le está sucediendo. Cada vez se agota más el tiempo para remediar otro descalabro.
            Cocinadas o no, las encuestas reflejan un desencanto ciudadano. Y muy especialmente hacia los dos partidos que nos han gobernado. Una especie de resignación entre lo que hay, que apenas le gusta, y lo que puede venir, que le gusta menos aún. Si en su día fracasó el recurso a aquella especie de conjunción planetaria, anunciada por la inolvidable Leire Pajín, me temo que ahora fracasará también el recurso de Elena Valenciano a la trinidad que la obnubiló en su juventud (Jesucristo, el Che Guevara y Felipe González) y a la admiración y reconocimiento sin límites a Zapatero, principal responsable de la difícil situación por la que atraviesa el PSOE. Para evitar el fracaso se requiere algo más que, hasta ahora, no se ve por ninguna parte. En fin, ella sabrá. ¿Ella o el PSOE?
            Entretanto se anima el cotarro mediático con todo tipo de análisis sobre los últimos datos conocidos sobre la evolución del paro en nuestro país. Unos y otros, según su particular interés político, intentan arrimar el ascua a su sardina en vísperas de iniciarse la campaña electoral europea. Cada cual con su parte de razón al enfocar los resultados con sus respectivos prismas particulares. Unos, secuenciándolos con el pasado; otros, olvidando la evolución; y, el resto, al no tener ninguna responsabilidad directa ni en el pasado ni en el presente, vendiendo soluciones inexistentes, tras arremeter con la trágica realidad de tantos millones de parados. Cada cual, a su modo, intenta sacar ventaja política del drama. Algunos incluso, como IU, tienen tiempo de distraer el personal con otro tipo de propuestas pintorescas como la referente a la Mezquita-Catedral de Córdoba, admitiendo que, si fuera pública (y gobernaran, obviamente), como pretenden, la abrirían al culto musulmán. Es ya lo que le faltaba al Estado. Pero, no se alarmen, supongo que no se trataría de cambiar el rito católico por el musulmán (sería excesivamente discriminatorio), se trataría, supongo, de convertir la Mezquita en una especie de edificio religioso multiusos para conseguir en él una especie de comunión ritual uniformada entre todos los ritos religiosos posibles. En fin, sin comentarios.
            Sí merecen comentarios los últimos detalles sobre los últimos casos de corrupción aparecidos estos días en la prensa, cuyos detalles continúan. Comentarios y noticias que, seguramente, avalan lo que dicen los sondeos y encuestas, como la citada al inicio de esta crónica. Mientras la Audiencia Provincial de Sevilla avala la imputación que hizo la jueza Alaya a Magdalena Álvarez en el caso de los ERE y lo avala “por las fundadas sospechas” que hay, el BEI, destino dorado de la ex ministra (y ex casi todo) con un desorbitado sueldo de unos 22.000 euros al mes, se plantea ya muy en serio su destitución como vicepresidenta. ¿No sería más honesto y razonable que dimitiera ante las evidencias? Mientras el Tribunal de Cuentas investiga una desviación del 230% en una obra del AVE siendo ministra Álvarez, uno de los detenidos por el asunto también está implicado en el famoso “caso Bárcenas”. ¿No sería más razonable dejar que los jueces hagan su trabajo en todos los casos, caiga quien caiga, sabiendo que la corrupción no tiene color político? Mientras Cuadrifolio hacia sus agostos en Castilla La Mancha, cargos de la Junta indicaban a los directivos de la empresa cómo eludir los controles, señalando vía e-mail la cuantía de las facturas y pidiendo presupuestos falsos para otorgar contratos sin licitación. ¿No sería más justo legislar para endurecer los controles previos en las contrataciones y, en todo caso, las penas para quienes se saltan a la torera la responsabilidad técnica y política “in vigilando”?  Me temo que, siendo todo ello más honesto, razonable y justo, nuestros políticos no están por la labor. Al final, les es más rentable dejar las cosas como están.
            Y, mientras Europa trata de salvar las elecciones de Ucrania, que podrían ralentizar al menos el conflicto, EEUU constata los daños causados ya por el cambio climático y China está en alerta ante la escalada de actos terroristas islamistas tras sufrir el tercero de ellos en menos de dos meses en sus instalaciones ferroviarias. Pero, al final, la Comunidad Internacional o no quiere, o no puede (o ambas cosas a la vez), pacificar Ucrania (o el resto de sangrantes contiendas en otros lugares del mundo), reducir drásticamente la contaminación atmosférica o luchar eficaz y severamente contra los radicalismos terroristas. Entre unos y otros, nos quedamos siempre en el bla, bla, bla…. Y, cada vez, a peor.

                                               Jorge Cremades Sena