viernes, 30 de mayo de 2014

TIEMBLA BARCELONA

                        Cuatro días de incidentes violentos en Barcelona son demasiados días, demasiada violencia, demasiado desorden, demasiados daños como para mirar hacia otro lado como si nada sucediera. Esta especie de vandalismo antisistema que, de momento, se salda con varias decenas de detenidos, a quienes apenas se le exigirán responsabilidades severas por los daños causados, debe ser erradicado de raíz si no queremos ver amenazada seriamente nuestra convivencia libre y pacífica. Ni es cuestión de que el Gobierno ofrezca ayuda a Mas, que se siente desbordado, para sofocar esta guerrilla urbana, ni que Interior, ante la gravedad de los hechos, envíe doscientos antidisturbios más para sofocar el caos callejero con o sin el beneplácito de la Generalitat, que, obviamente se debieran contemplar con normalidad ya que es lo mínimo que hay que hacer en cualquier estado democrático serio. Es cuestión, además de lo anterior, de establecer una legalidad adecuada, si es insuficiente la que hay, para que quien la haga que la pague y, si la existente es suficiente, aplicarla con todo rigor sin que a nadie le tiemble el pulso. Es intolerable que, por justificadas que puedan ser determinadas reivindicaciones, el instrumento de protesta sea la toma violenta de las calles, la quema de contenedores, el destrozo del mobiliario público, la rotura de escaparates, la quema de vehículos, las agresiones a las fuerzas de orden público, la desobediencia a la autoridad….y, para colmo, la ocultación del rostro para actuar desde la más cobarde impunidad. ¡Quién paga luego los platos rotos! Un país que se conduce impunemente por estos derroteros es un país sin futuro.  
            Y sin futuro puede que quede el PSOE si se sigue empeñando en exhibir ante la opinión pública sus deficiencias democráticas y sus navajazos internos para conseguir el poder del partido. Sirve de poco que sean todos o casi todos los barones quienes apoyen a Susana Díaz o no, sirve de poco manifestar, como hace Chacón, que “más vale un progresista, un voto, que un militante, un voto” o que pida que Rubalcaba ponga fin a la “confusión”. Lo único que sirve es aplicar los Estatutos y, por lo tanto, todo lo demás es marear la perdiz por loable que sea su finalidad.
            El Gobierno, por su parte, pasadas las elecciones europeas, anda ya dispuesto a proseguir con su agenda política. De entrada abre la puerta a Repsol, con el visto bueno de Medio Ambiente, para explorar en alta mar, cerca de Canarias, la posibilidad de extraer petróleo. Y, en el horizonte inmediato, la aprobación, dentro de un mes, de la nueva Ley del Aborto con las nuevas recomendaciones al respecto del CGPJ, por lo que intenta encajar, sin “diluir” el espíritu de la reforma, la despenalización en caso de malformación del feto y algún que otro retoque. Dos asuntos sin duda que, tal como está el patío, traerán nuevas movidas en las calles, esperemos que sin violencia. Ya están los sectores ecologistas poniendo el grito en el cielo, al igual que los proabortistas, lo que presagia un verano bastante más caliente de lo normal. Es una buena ocasión para que el Gobierno haga un esfuerzo pedagógico de las ventajas e inconvenientes que tienen ambas medidas ya que, lo más probable es que se quede sólo, sin ningún apoyo, salvo el del PP para ponerlas en práctica. Por el bien de todos los españoles y especialmente de sus votantes no estaría de más que con todo tipo de datos y detalles planificase una campaña explicativa a priori y no a toro pasado cuando las calles se conviertan en un hervidero de gentes, aunque luego, en el asunto de la energía al menos, todos se quejen de que en España la luz se paga muy cara. Algo parecido a lo que suele suceder con el asunto de la energía nuclear.
            En otro orden de cosas, mientras la Complutense, tras cerrar Anatomía II, cierra ahora también Anatomía I por el escándalo de los cadáveres, Tráfico vincula el aumento de accidentes con el abuso de hachís, en tanto que la ex cúpula de Caixa Penedés devuelve nada menos que 28 millones para no ir a prisión. En definitiva, si un departamento, en este caso universitario, no funciona por la mala gestión de sus responsables, destituyo a alguno de ellos y lo suprimo; si por uso de alcohol o drogas provoco accidentes o cometo cualquier tipo de delito, al ser un atenuante por conducir bajo sus efectos y no ser totalmente responsable tengo una rebaja de la posible pena; y, si trinco y me pillan, devuelvo lo que he trincado y me libro de la cárcel. En fin, así cualquiera…es decir, cualquiera arregla este país.
            Y en asuntos de soberanismos, ya, apaga y vámonos. Ni siquiera los medios se ponen de acuerdo para descifrar el desconcierto, mientras algunos afirman que empresarios catalanes aceptan una consulta “legal y bien informada”, otros dicen que lo que hacen es pedirle a Mas que retome el diálogo. Ya no sé si de lo que se trata es de un verdadero diálogo de besugos que remata el mismísimo Artur Mas, ya sobrepasado electoralmente por ERC, afirmando que “si en algo somos intransigentes, es en que se debe pasar por las urnas”. Y punto. En todo lo demás una transigencia absoluta. ¿Alguien puede entender algo en este país? Para poner la guinda en el pastel, la Ertzaintza solicita a la Audiencia Nacional que sustituya los doce agentes que vigilan a Bolinaga por una pulsera alegando “lesividad” y daño “mediático” a su imagen. Es decir, que cuando uno pensaba que el argumento podría obedecer a razones económicas (doce agentes dedicados a vigilar a un asesino puesto en libertad por enfermedad terminal durante el resto de años de vida que le queden es excesivamente costoso para la sociedad) se lleva la sorpresa de que obedece a escrupulosas razones de imagen del asesino. ¡Faltaría más! La buena imagen de Bolinaga hay que defenderla a capa y espada. Lo dicho, un país que no tiene por dónde cogerlo y que es único en su especie.
            En asuntos externos, mientras Argentina pacta el pago de su deuda con los acreedores, que no es poco tal como está el patio, Putin inicia la reagrupación del espacio económico postsoviético, creando junto a Bielorrusia y Kazajstán la Unión Euroasiática. Al final, como la Unión Europea siga por el camino de estos últimos tiempos no será insólito que con el tiempo alguno que otro de sus miembros solicite integrarse en la Unión Euroasiática, no en vano más de una opción política en más de un país de la UE, si pudiera implantarlo, preferiría el sistema soviético o algo similar al sistema democrático occidental. Al tiempo, amigos.


                                               Jorge Cremades Sena