sábado, 7 de junio de 2014

EL BCE SE MOJA, RAJOY TAMBIÉN

                        En esta Unión Europea a medio hacer, aunque seguramente, según algunos expertos, lo que procedería es la compra de deuda por parte del BCE que, de momento, parece lejana, Draghi ha decidido apostar por un estímulo a la economía de la eurozona sin precedentes. En efecto, el BCE aprueba una histórica inyección de dinero, nada menos que 400.000 millones de euros, con la finalidad de que se reactive y fluya el crédito, tan necesario para las pequeñas y medianas empresas, forzando así a la banca a desbloquear la parálisis crediticia con penalizaciones a las entidades que no concedan préstamos. Una medida, criticable como cualquier otra, que ha de recibirse con cierto optimismo, si los eurófilos queremos despejar en el futuro los fantasmas eurófobos que se han asomado peligrosamente en las recientes elecciones al Parlamento Europeo. Y, obviamente, este plan de estímulo desata la euforia en los mercados, justo cuando EEUU consigue recuperar todo el empleo que perdió durante la gran recesión. O Europa funciona y prospera, o Europa se hunde. Y nunca mejor momento para recordarlo que en el 70 aniversario del desembarco de Normandía que inició la esperanza definitiva a la consecución de la libertad. Basta echar un vistazo a aquella Europa en armas y a todas las causas que años antes provocaron la tragedia para decir ¡nunca más!. Si para eso, después de la guerra, se inició precisamente la construcción de esta nueva Europa que, cada vez más, ha de ser la Europa del entendimiento, la cooperación en todos los niveles y las libertades, no olvidemos jamás que los errores se pagan bien caros y, cuanto más mayores, mucho más costosos. En la ruptura jamás está la solución de las dificultades compartidas.
            Por cierto, la conmemoración del desembarco de Normandía, ya ha propiciado alguna que otra buena noticia, entre ellas el encuentro ente Obama y Putin, el de Putin con el nuevo presidente ucraniano, así como otra serie de diálogos entre los aliados y el ruso que, al final, han desembocado en un principio de acuerdo de negociación que ponga fin a la violencia en Ucrania. Una gran noticia sin duda ya que el desencuentro flagrante es malo para todos, se mire como se mire. Si hace setenta y tantos años los europeos no lo supieron ver así, ahora deben tener presente que tropezar de nuevo en la misma piedra es la por herencia que se les puede dejar a nuestros hijos y nieto,
            España, por lo que le toca (justo antes de la citada guerra ya tuvo su particular calvario en la suya propia), sigue enfrascada en los pormenores y detalles de la entronización de Felipe VI, que será definitivamente el día 19 de junio. Todo apunta a que será un acto austero, como corresponde a la situación económica que atravesamos, ya que se pretende que no suponga gasto adicional al Estado. Ni habrá invitados extranjeros, ni miembros de otras casas reales y, al parecer, no se celebrará misa. Todas ellas, novedades insólitas que generan, como siempre sucede, críticas en quienes, se haga lo que se haga, buscan los tres pies al gato. En todo caso, un gesto llamativo con las lógicas lagunas que cada uno quiera destacar. Parece ser que ni los actuales reyes asistirán a la proclamación de Felipe VI, en que, al parecer, cada diputado votará de forma nominal, tras ser llamado al efecto. Por su parte Rajoy y Rubalcaba andan buscando cerrar urgentemente una ley para aforar a don Juan Carlos que es lo razonable en estos casos, en ningún país civilizado del mundo el Jefe de Estado saliente, ya sea rey o presidente republicano, queda sin trato judicial especial, aunque algunos descerebrados, como Homs, digan que “el motivo de abdicar es mantener el negocio familiar” y otros independentista tengan hasta el mal gusto de comparar a la nueva princesa de Asturias, Leonor, con la “niña del exorcista”, evidenciando la catadura moral que tienen. Seguro que si alguien dijera que sus proyectos independentistas son para mantener y proteger sus negocios familiares o clánicos, así sean legales o ilegales, se lo tomarían como el mayor de los insultos, no a ellos, sino a Cataluña. En fin, es lo que hay.
Mejor destacar que el Gobierno, que acaba de iniciar la devolución de los primeros 1.300 millones de euros del crédito para el rescate bancario, ha puesto en marcha un Plan de unas 40 medidas para mejorar la competitividad y animar la economía española a base de impulsar el consumo en plena euforia de los mercados, movilizando nada menos que 11.000 millones de euros. Entre otras, la idea es reducir las comisiones a las tarjetas de crédito, ayudas para coches y más préstamos para las pymes, justo cuando la Bolsa rompe la barrera de los 11.000 puntos, la deuda cae por debajo de la británica y marca su mínimo, en tanto que la prima de riesgo, inasumible no hace mucho tiempo, baja hasta los 129 puntos. Buenas noticias que sería injusto no destacar y que ojalá se sigan repitiendo.
            Y, por el contrario, ojala que se acabe de una vez por todas con las nefastas noticias sobre corrupción que tanto daño están causando a España en todos los niveles. Al parecer, mientras Hacienda y la Policía ratifican que el PP pagó en B obras de su sede, al escabroso asunto de los ERE se añade la petición de imputar a altos cargos de la Junta de Andalucía por el ERE de Altadis, justo cuando todo el PSOE busca la unidad en torno a Susana Díaz. Menos mal que, al menos, acaba de ser desarticulada una red delictiva que se dedicaba a adulterar gasóleo para venderlo en diferentes gasolineras, un negocio que, sólo en los últimos ocho meses, defraudó más de cinco millones de euros en el impuesto de hidrocarburos ya que en su catálogo delictivo se añadía además falsificación de documentos y fraude en otros impuestos derivados del consumo y muy especialmente el IVA. Como ven, en esto del choriceo al por mayor en España el que no corre vuela.
            En otros asuntos de interés, mientras Hacienda avala que la Mezquita de Córdoba es de la Iglesia, la Sociedad Civil Catalana emprende una ofensiva internacional para desmontar el desafío de Artur Mas y envía al respecto cartas a todas las embajadas; entretanto Obama defiende que Escocia no se separe, argumentando en nombre de los norteamericanos que “queremos que uno de nuestros socios más cercanos siga fuerte y unido”. Unidad y fortaleza que, obviamente, se deterioran con la separación territorial a pesar de que el asunto de Escocia sea totalmente legal, asunto que nada tiene que ver con el caso catalán como ya se ha dicho por activa y pasiva.


                                               Jorge Cremades Sena