viernes, 27 de junio de 2014

Y RUBALCABA DEJA LA POLÍTICA

                        En efecto, Rubalcaba anuncia que en septiembre deja su escaño y se vuelve a su plaza de profesor en la Universidad. Nada especialmente extraordinario. Decenas y decenas de personas han dejado la política tras dedicarse a ella durante algunos años para volver, si es que la tenían, a su profesión anterior. No obstante, como es costumbre que otros muchos se eternizan amarrados al sillón hasta jubilarse, calentando asientos en cualquier cargo que se le facilite, o instalándose en destinos dorados en organismos internacionales o empresas públicas por arte de magia, hay que reconocer que, si Rubalcaba vuelve a su puesto como profe, tal como dice, es una decisión acertada a la que sólo se le puede reprochar que no lo haya hecho unos años antes, a tenor de como deja el PSOE. ¿Qué puede empeorar el partido? Cierto. Pero de aquellos polvos vienen estos lodos y Rubalcaba no ha sido alguien que pasaba por allí por casualidad. La pelota queda ahora en el tejado de Madina, supuestamente su “delfín”, y Sánchez, quienes se postulan como candidatos, junto a otros con menos posibilidades, para dirigir el partido. ¡Ojala que la incapacidad de Rubalcaba para revitalizar el PSOE no siga con el futuro nuevo Secretario General!
            Entretanto, mientras el Parlament de Catalunya solicita un referéndum, uno más, en este caso sobre Monarquía o República en España, el nuevo Rey Felipe, en tierras catalanas, con un discurso mitad en catalán y mitad en castellano, asegura que estará “más presente” allí, ofreciendo su “colaboración sincera y generosa” para alcanzar todas las “metas colectivas” y reclamando “respeto, entendimiento y convivencia”. Al tratarse del primer viaje de los Reyes tras su proclamación, es un gesto positivo desde cualquier punto de vista y acertado en su contenido. Pero, ya ven, a lo del Parlament, se añade que Artur Mas, correcto con él en las formas, le pide al Rey una audiencia en la Zarzuela para abordar la consulta, en este caso, la soberanista. ¡Cómo si Felipe VI tuviera competencias al respecto! ¿Acaso no sabe Mas que salvo su labor de mediación poco más puede hacer el Rey? Me temo que por impecables que sean los discursos reales, por loables que sean sus intenciones, poco se conseguirá en el asunto independentista, pues no hay más ciego que quien no quiere ver. ¿Le está pidiendo Mas a Felipe VI una ilegalidad como le pide a Rajoy? ¿Romperá la baraja como ha hecho con Rajoy por no ceder a sus ilegales pretensiones? Me temo que por ahí seguirán los tiros.
            Por lo demás, destaca, entre otros asunto, el ya anunciado recurso a la imputación de la Infanta Cristina por parte del fiscal que la califica de “inquisitoria”, acusando al juez Castro de hacer una “instrucción a la carta” y que “culpabilizó” a Cristina de Borbón “antes de iniciar la investigación” para “pescar” a la Infanta. Acusaciones gravísimas contra el juez, quien ya ha retado al fiscal que acuda a los tribunales si tiene indicios de que haya podido cometer prevaricación. En todo caso, la Audiencia resolverá y, tal como está el patio, haga lo que haga se avecina una avalancha crítica de unos u otros, no por razones jurídicas sino políticas. Al tanto pues. Según los expertos en la materia ni el voluminoso auto de imputación del juez, ni el recurso del fiscal se ajusta a lo que suele ser normal y cotidiano en estos casos.
            Como no debiera ser normal que, al parecer, cuando Moncloa contaba con un acuerdo PP-PSOE en el asunto del aforamiento de Juan Carlos, una serie de diputados socialistas lo abortaran optando por una insípida abstención para no sufrir más desgaste por el apoyo a la Corona. De ser así, no me extraña que el desgaste cada vez sea mayor, pues lo peor que le puede pasar a un partido político es su indefinición ideológica o programática, que el PSOE ya viene sufriendo desde hace demasiado tiempo. Si estás de acuerdo con el aforamiento o con su conveniencia, lo apoyas y lo defiendes o, en caso contrario, lo rechazas y lo argumentas de forma convincente, pero abstenerse por mero formulismo procedimental, ni lo entienden los votantes socialistas partidarios de aforar a Juan Carlos, que los hay, ni los que están en contra. Ese es el pecado de los socialistas, bueno de sus dirigentes, querer estar a la vez repicando y en misa. Y así les va.
            Y mientras los líderes de la UE, para disgusto de Pablo Iglesias y compañía, deciden apoyar a Juncker como presidente de la Comisión, Kiev y la UE firman el pacto de asociación que desató la crisis con Rusia, que también lo han firmado Georgia y Moldavia, contemplando, entre otras ventajas, una zona de libre comercio. Putin, que ha hecho todo lo posible por impedirlo, incluido el apoyo a los secesionistas ucranianos, no ha podido conseguirlo, pensando muchos que para semejante viaje no hacían falta alforjas, aunque otros dirán que Crimea bien valía la pena.
            También vale la pena, especialmente para muchos católicos, que la Iglesia siga su proceso aperturista, sin precedentes, reconociendo el descrédito de sus ideas ante muchos de sus fieles en temas como las bodas gais, el aborto o la contracepción. Si la Iglesia al final “acoge y no condena” a divorciados y homosexuales, es, sin duda, una buena noticia. Son demasiados divorciados y homosexuales católicos que, desde su fe, agradecerán el acogimiento que la Iglesia hace de ellos, condenados hasta la fecha a una especie de repudio incomprensible. El Papa Francisco, al parecer, va en serio.       
            Y mientras el Barça gana la liga de baloncesto frente al Real Madrid, y mientras Portugal vuelve a casa desde el mundial de futbol con un inservible gol de Crisitano, al uruguayo Luis Suárez le ha caído un castigo ejemplar de cuatro meses de sanción con su club y nueve partidos con Uruguay por el mordisco a un rival italiano en la contienda para pasar a octavos. La polémica está servida entre quienes defienden y atacan al reincidente Suárez que, siendo un gran futbolista, todavía no aprendió que al futbol se juega con los pies y no con los dientes. Injustificable su actitud y, a mi juicio, merecido el castigo ya que no tiene ninguna excusa.

                                                Jorge Cremades Sena