miércoles, 11 de febrero de 2015

MONTORO EN EL PUNTO DE MIRA

                        Tiene gracia que para una vez que parece ser que se afronta el fraude fiscal con cierto celo se desate un cierto malestar con el Ministro Montoro, que no es santo de mi devoción, y se le ponga en el punto de mira por un supuesto uso político de datos fiscales, que él mismo desmiente, al extremo de que incluso altos funcionarios de la Agencia Tributaria creen que el ministro está actuando al límite de la ley. Y todo ello a causa de no haberse callado ante el reto de Monedero de que no le tenía miedo y su posterior estrategia de confusión, extendiendo el bulo de que Montoro acomete una persecución particular contra Podemos, gracias a la inestimable colaboración, como en otras ocasiones, de voceros mediáticos televisivos que, en vez de exigir a Podemos (como hacen todos los partidos y todos los tertulianos objetivos) que explique el origen sospechoso de su financiación (tal como exigen a los demás en otras ocasiones ante sospechas de irregularidad), prefieren ponerse al lado de los que, como Pablo Iglesias, sí piden pero no dan explicaciones documentadas a los periodistas y simplemente manifiestan airados que quien tenga dudas que acuda a los tribunales. Pues bien, haciendo un ejercicio simple de coherencia, por qué, si tienen dudas sobre la conducta de Montoro, no acuden a los tribunales tal como recomienda su defendido Pablo Iglesias. Y luego nos extrañamos de que en este país pasa lo que pasa, cuando, con semejantes conductas tan cínicas y demagógicas de quienes debieran responsablemente generar una opinión pública objetiva desfavorable ante conductas repudiables (caiga quien caiga), tenemos más que merecido casi todo lo que nos pasa. Ni las cuotas de audiencia, ni el cabreo del personal, ni las preferencias políticas de unos u otros, ni el deseo de venganza o ayuda a cualquier formación política, justifican el cinismo demagógico de algunos tocando siempre la trompeta, pase lo que pase, en la misma dirección, generando un nauseabundo ambiente político de descrédito y desconfianza.
            Descrédito y desconfianza se genera si, tras decir que la corrupción en Andalucía era un asunto de “cuatro golfos”, a las decenas y decenas de imputados la jueza Alaya imputa a 34 empresarios más por las subvenciones, mientras el Supremo inicia la investigación sobre Chávez y Griñán por el caso de los ERE y son detenidos diecisiete nuevos individuos por el fraude de los cursos de formación, en tanto que dos ex alcaldes socialista también son imputados por el escándalo de las ayudas de la Sierra Norte. Un fraude, el de los cursos de formación a parados, que, según estimaciones puede llegar a unos 3.000 millones de euros, por lo que la Policía, además de los ya imputados y detenidos, ordena 90 detenciones más. Un vergonzoso caos a sólo cinco semanas de las elecciones andaluzas adelantadas por Susana Díaz, que, como nos descuidemos, la culpable será la jueza Alaya (como sucede con Montoro en el caso anterior) por su inoportunidad en el avance de sus investigaciones (no faltan voces que de forma vergonzante ya especulan con ello) en vez de todo aquel que se lo ha llevado crudo o aquél que se lo puso en la mano y nada hizo por evitarlo. Entretanto se conoce que Oleguer Pujol costeó los rascacielos de Panamá con una cuenta en Suiza (¡cómo no!) y que Podemos recibió un pago al día durante dos meses del banco de Monedero (a partir del 7 de mayo, coincidiendo con las europeas, hubo traspasos de lunes a viernes hasta el 4 de julio), con transferencias de hasta 10.710 euros desde Triodos, donde el empresario comunista Monedero tiene dos cuentas. Ya ven, los culpables, los mensajeros.
            Y en pleno universo de los golfos, no es de extrañar que el HSBC crease empresas en paraísos fiscales para clientes españoles o que, como ha sucedido, aparezca un cuadro de Leonardo da Vinci, de valor incalculable, en una caja fuerte de un banco suizo. Forma parte de la indecente estrategia de protección internacional a la golfería mundial.
            Menos mal que, aunque algunos se empeñen en no reconocerlo, nuestro Rey Felipe tiene un nuevo gesto de saber estar y ponerse a la altura de lo que exigen las circunstancias. Congela el presupuesto total de la Casa Real en los 7´7 millones de euros del año anterior y se baja el sueldo un 20%, por lo que cobrará 234.204 euros este año reduciéndolo en 58.548 euros respecto al que cobraba como Rey su padre. Un gesto que le honra, uno más en su impecable conducta desde que accediera al trono, por más que algunos pretendan enturbiarlo haciendo comparaciones con los salarios de los españoles para hacer creer que la Jefatura de Estado es un derroche, cuando es la más barata de todas las demás, ya sean en forma de Monarquía o de República.
            En cuanto al exterior se refiere, mientras Strauss-Kahn declara al juez que “sólo” iba a cuatro orgías al año y que no sabía que había prostitutas (seguramente pensando que se entregaban a los placeres por su cara bonita y además quedaban encantadas por endulzarle la vida), en Ucrania no cesa la tragedia, dándose fuertes combates cuando se celebra en Minsk la cumbre por la que los líderes de Rusia, Ucrania, Francia y Alemania intentan cerrar un acuerdo de paz, cada vez más complicado, para poner fin a la violencia, en tanto que Obama insta a Putin a que aproveche dicha cumbre para acabar con la barbarie.

                                                Jorge Cremades Sena